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Publicado: 02/12/2008


 

ELS ALTRES I NOSALTRES”


La cosa no es de ahora. En la última época del reinado de Jordi Pujol se propuso ya que los que residiesen en Cataluña habrían de cambiarse el apellido para no mancillar la pureza del idioma catalán. Pero alguien paró la iniciativa en medio de la rechufla general. Un funcionario con higiénico sentido del ridículo debió abortar el despropósito. Pero el tripartito actual es otra cosa y se inspira en la política de “maricón el último” si se trata de reivindicar la catalanidad de una iniciativa.

Hace unos años, cuando leíamos a Karl Popper que el nacionalismo es una manera de totalitarismo pensábamos que era una expansión comprensible en un hombre que había perdido dieciseis familiares, entre ellos sus padres, en los hornos crematorios de los nazis. Hoy vemos con nitidez deslumbrante que estaba en lo cierto y nos duelen tantos catalanes, que con serlo no son radicales, y que están sometidos al miedo “catalonazi” inspirado desde el poder. Cataluña esta viviendo el proceso de los alemanes bienpensantes y los ciudadanos de orden que “dejaron hacer” a los hitlerianos hasta que no fueron ya capaces de defender sus derechos. Es lo de los versos atribuidos a Brecht (“la policía ha venido a buscar a un joyero... pero yo no soy joyero; los guardias se han llevado a unos judíos... pero yo no soy judío, y ¡hoy han venido a detenerme a mi...!”)

Al principio tuvieron que apartarse o exilarse los docentes no entusiastas y algunos periodistas que no obedecían las consignas y así, poco a poco, fue limpiándose el horizonte hacía la libertad catalanista. Eso sí, no hubo casi muertes ni noche de los cuchillos largos: los perseguidos pueden contarlo en su mayoría como el tiroteado Federico Jiménez Losantos, aunque alguno como el industrial Bultó murió con una bomba anudada al pecho por la banda “Terra Lliure” que actuaba como “ejército revolucionario” de uno de los partidos que ahora mandan y se reivindican como demócratas.

Todos son iguales ante “el fet diferencial nacional”: religiosos, ateos y agnósticos. Aunque son una minoría no desdeñable, son menos pero activos y les estimula saber “qui la fa mes grosa”. Así es que ahora han sobrepasado las cautelas de CiU, y el PSE, ERC y EU-V han alcanzado el ápice de la ignominia, forzando a que los funcionarios de la “Generalitat” renuncien a su identidad y hagan oblación de su dignidad personal renunciando a sus apellidos como quien apostata de su religión, de sus mayores, su historia, su pasado y su memoria. El honorable Pujol celebrará como una victoria el deshonor de los sometidos.

La llamada Iglesia Catalana no ha permitido la celebración de fiestas religiosas de otras regiones “para que no se resintiese la unidad eclesial” y no ha sido tolerado el flamenco hasta que la rumba gitana no se ha bautizado como rumba catalana. El etiquetado comercial sanciona el idioma castellano. Es cosa de pocos, que muchos repudian pero que todos consienten con su punto de acomodaticia cobardía. (“No t' emboliquis, noi”)

Y ahora, puestos a deglutir y digerirlo todo sin opción a la variedad, con vocación decididamente totalitaria, una inocente maquinita traductora ha dado la versión catalana de nombres y apellidos de los funcionarios que han ganado plaza al norte del Ebro. Busquen y se morirán de risa.

Darío Vidal

02/12/2008

 

       "Els altres y nosaltres" (02/12/2008 17:04)