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Publicado: 17/07/2008


 

AUTORIDADES CON GORRA


La Autoridad es siempre una trampa. Una trampa y una tentación para la que hay que estar preparado, porque exige responsabilidad, contención, buen juicio, ecuanimidad y ejemplaridad. No es fácil ejercerla porque es infrecuente que se entienda como un servicio, y un servicio casi siempre abnegado. Por el contrario, quienes no merecen ostentar esa alta representación la ejercen como capataces, “boss”, jefes y amos del cotarro, y están imbuidos de la impresión de que “mandan”. Y al que manda hay que obedecerle aunque cometa las más pueriles arbitrariedades. Suelen ser tipos a los que no ha tenido nadie en cuenta. Esos son los peores. Sobre todo cuando se cubren el cráneo desértico con una gorra o un casco que complementa su feroz apariencia de valiente profesional con botas lustradas, raros emblemas, insignias plateadas y arreos de metal y pasamanería, que encubren una mentalidad de doce años.

Hace solo unos días, cierto viejo amigo turolense con carnet de conducir de primera especial desde que le salieron los dientes, prudente por experiencia, experto en coches, y propietario de una concesion de automóviles con varias sucursales, circulaba con la calma de un padre de familia en vacaciones, a setenta por hora, con un coche de gran potencia detrás de un camión por la general, en el tramo de La Ampolla a Amposta (Tarragona). Al cabo de unos kilómetros, como se formaba cola detrás, intentó adelantar pero como vio que venía un camión de frente, dio intermitente a la derecha y abortó la maniobra. Así en tres ocasiones. Entones un coche patrulla de los “Mossos d'Esquadra” que circulaba detrás de él, se colocó a la par como en las “pelis” y le mandó parar. Se apeó el agente y con la camisa totalmente desabrochada, el cinturón flojo y sin la gorra. “A ver, documentación” --le dijo. “Buenas tardes” --respondió el conductor. “¡La documentación, le he dicho!”. “Le he dicho que buenas tardes”. Y después de un diálogo de sordos, mi amigo le entregó la documentación. “Mire usted –añadió por último--: aunque hubiese cometido una infracción, nada le exime de la cortesía y el saludo. Ni del aliño en el vestir, porque va usted con la camisa abierta, sin gorra y con el nudo de la corbata en estómago”.

El policía de la Generalitat se contuvo pero le miró con ganas de matarlo. Llamó por la emisora y oyó como le decían que tenía en orden los seguros y no arrastraba multas. Se le acercó nuevamente: “Le voy a sancionar por Conducción Temeraria”. “¿Le llama usted conducción temeraria a conducir a sesenta o setenta por hora detrás de un camión?” --le increpó el conductor, encrespado. El agente le miró entre irritado y divertido: “Hombre y voy a denunciarle también por Adelantamiento Indebido y peligroso”. “No será usted capaz de decir que he adelantado y firmar además esa denuncia”. .

Por toda respuesta añadió con ironía impertinente: “¿Prefiere que le extienda las multas en catalán o en castellano?” Y mi amigo Jerónimo, que tiene su retranca, contestó al hombre de prosodia impecable y acento neutro: “Como no soy catalán ni castellano, póngamelas en español que es lo que hablamos de Teruel”. “Ah, vaya, yo soy de Zaragoza”,– dijo el policía sin mirar, mientras escribía distraídamente. ¡Un gañán de Zaragoza!

“La madre que lo parió. Y luego se llevan la mala fama los catalanes. Me sopló 180 euros y tres puntos ¿Hay derecho?”

Darío Vidal

17/07/2008

 

       Autoridades con gorra (17/07/2008 23:43)