Hemeroteca:



Publicado: 17/06/2008


 

LA VOLUNTAD DE MORIR


Con frecuencia los más medrosos, los que tienen mayor miedo a morir, terminan atrayendo la muerte. Es como si su temblor y su huida destilasen un perfume que la sedujese como a los perros el sudor de la presa amedrentada. Decía Ortega y Gasset en aquel inolvidable prólogo al libro sobre la caza mayor del conde de Yebes, que no hay nada que motive tanto a un depredador, que aquel que escapa porque se siente perseguido.

José Tomás es el paradigma del que busca la muerte para no perder la vida. La última tarde sufrió una cogida de tal gravedad que salió de la plaza por la enfermería cuando tenía preparada la puerta grande. Se aplica el lema de los guerreros espartanos a los que sus madres pedían que volvieran de la lid con el escudo o sobre el escudo, esto es victoriosos o muertos.

El torero de Galapagar ha apostado por una existencia de héroe con la determinación de alcanzar la luz, aunque la gloria acabe abrasándolo. Ha escogido vivir en el riesgo y la belleza, para morir de la manera sublime que esa vida merece. Ha dicho alguna vez que espera acabar en la plaza porque es la forma de morir de los toreros. Esa es la razón de su impavidez en los peores trances y de esa lidia serena, templada, lenta, medida y escalofriante, que sólo puede ejecutar un artista que se impone al miedo, un creador de belleza, un danzarín estático como un escultor del movimiento, que compone la figura desde todos los ángulos para comunicar la emoción que experimenta.

No es un suicida inconsciente ni un ignorante que desconozca los terrenos del toro y se coloque atolondradamente en su trayectoria. Ha depurado su arte después de muchas horas de reflexión y haber visto muchos toros antes y durante su periodo de retiro, apurando sus talentos hasta la linde de lo imposible, ponderando la exactitud y la plasticidad de cada lance si consigue que la fiera pase por su cintura o por su pecho sin desviarse de su camino ni cometer él ningún error. Cuando se produce esa conjunción, surge el pase templado, medido y pasmoso que descubre el escalofrío y la emoción inefable de la belleza: el complejo sentimiento de entusiasmo estético que se desvela con el hallazgo de la verdad. Mas si el cálculo o el pulso le traicionan, tiene la gallardía de no enmendarse, para abandonarse por completo a las astas del toro asumiendo su error.

Quienes ven como el toro y el torero van al encuentro de la muerte y saben que si aquel no cae de la estocada será Tomás quien muera porque no se ha dejado espacio para salir de la “suerte”, perciben que están presenciando un suceso irrepetible, inefable, estremecedor y sublime. Y aunque hasta ahora ha acertado, de esa manera han dejado la vida en el ruedo algunos de los mas grandes, como “Manolete” y “Paquirri” y estuvo a punto de sucederle a él pasado 15 de junio de 2008, cuando al entrar a matar, fue prendido por un asta en el muslo derecho que desgarró veinte centímetros, aunque por fortuna el animal no acertó con la femoral.

La clave de ese vivir no es el hambre como antes decían, sino el deseo de trascenderse que es otra cosa mas honda, en quienes tienen algo que decir, para poder “echarlo de sí” como decía el bardo aunque nadie más lo entienda. Y en cada corrida, en cada faena, en cada lance, piensa el artista que ahora sí, que esta vez va a ser la decisiva, aunque sólo lo sepa él.

Darío Vidal

17/06/2008

 

       La voluntad de morir (17/06/2008 23:56)