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EL ORNITORRINCO
Recuerdo que un día, en los años insípidos de los guiños y la risa tonta, de las consultas al diccionario para medio enterarnos de lo que medio sabíamos, descubrimos en el clase de Ciencias Naturales a un ser grotesco, entre pato y castor que durante un tiempo no se nos caía de la boca tal vez por la rareza morfológica, por su singularidad biológica y puede que, sobre todo, por la reiterada resonancia impertinente de sus erres. Dimos con el ornitorrinco, para que me entiendan. Y los más pequeños que nos oían pronunciar aquel vocablo como un taco, lo repetían a cada momento como insulto y sin saber lo que decían, que es algo que con frecuencia sucede también a los adultos cuando hablan de según qué. A nosotros siempre nos pareció un bicho raro, un animal desconcertante y de poco fiar, constituido con retazos y sobras de otros animales, como picos de ánade, piel cubierta de pelo tupido, patas de palmípeda con una uña venenosa en las posteriores los machos, y bolsa marsupial como los canguros las hembras, que ponen huevos como los pájaros y amamantan a las crías con su leche como los mamíferos. Dicen ahora que es el eslabón perdido en la escala zoológica y que comparte el ADN con aves, mamíferos y reptiles, que se diferenciaron netamente de él hace 166 millones de años para escoger distintas líneas de evolución, y se acantonó en Australia donde fue descubierto en el siglo XIX. Y en cuanto a eso del Acido Desoxirribonucléico compartido con tantas especies, no nos sorprendía en aquel tiempo de tantas risas, porque todavía no se había descubierto. Por lo que hace a nosotros, nos distanciamos por falta de trato. Pero cuando lo vi en las noticias de ayer emergiendo de su discreto anonimato me pareció de pronto como si alguien acabase de encumbrar a un viejo amigo, a un conocido con el que hemos esperado todos los días el autobús y que hemos terminado por reputar como algo nuestro. El salto a la popularidad se lo debe a un artículo aparecido en la revista “Nature” que lleva la firma de un grupo de científicos australianos, británicos, españoles, estadounidenses, neozelandeses, israelíes, alemanes y japoneses, que han trabajado pacientemente para secuenciar su genoma. Estiman que este estudio es un paso incalculable para averiguar el proceso evolutivo de nuestra especie, con la que comparte el 80% del genoma y que puede significar un espectacular avance en el terreno de la inmunología. Temo únicamente que este catálogo de todas las especies, este inefable archivo de todas las rarezas más contradictorias, que ha resistido en Tasmania y la franja costera oriental de Australia el paso de los tiempos y la tentación de evolucionar, vaya a perecer ahora en las manos sacrílegas del hombre europeo. Me culparía por mi desmemoria si ahora, cuando al cabo del tiempo lo recupero del olvido, hubiéramos de inscribir en la lista de animales en peligro de extinción a nuestro silente amigo el ornitorrinco. Darío Vidal 09/05/2008 |
El ornitorrinco (09/05/2008 00:39)
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VOTAR A FAVOR DE ESPAÑA
Desprecio, vergüenza ajena y repugnancia. Un asesinato más de los pistoleros de la banda criminal de las cloacas vascas como el del viernes en la localidad de Mondragón no da ya miedo. No sirve ya de nada a los matarifes ni a sus muñidores. Son tan torpes y tan ineficaces, incluso para alcanzar sus objetivos este atajo de miserables, que han vaciado de contenido y de efecto sus asesinatos. Aun no han entendido que hemos rebasado todos el umbral de percepción del dolor y que cuando los sentidos embotan los sentimientos, ningún estímulo surte efecto. No lo saben, pero matan, y matan y matan. Son como las sanguijuelas, que se alimentan de sangre. Pero la sangre termina por matarlas. Cómo podía pedir ZP que se excluyese el terrorismo del debate electoral si es precisamente el excremento terrorista lo que empuerca la vida de este país magnífico, magnífico desde los extremos civilizados y desde el centro. Pues claro que hay que hablar de los terroristas y ponerles nombre y ponerles rostro como ha comenzado a hacerse y sobre todo ponerles penas para que las cumplan íntegramente y “recomendados” como se dice en lenguaje carcelario. Y nada de comer a la carta de los restaurantes de la ciudad, sino lo que el resto de los penados, que son más dignos de consideración, perdón y compasión que estas sabandijas de albañal capaces de matar sin provocación, sin pasión, sin causa y sin objeto. Hay que volver todo el desamparo y la soledad con que hay vivido su tragedia las víctimas de las muertes, los chantajes, los insultos y la mofa, a los causantes de esa existencia torturada. Hay que arrinconar hasta que pidan perdón a sus perseguidos, también a los que jalean, alientan y apoyan a esos cobardes y a cuantos aceptan los hechos, como esa miserable alcaldesa de Acción Nacionalista Vasca que preside el consistorio de Mondragón y que se ha negado a condenar el infame asesinato del ex-concejal Isaías Carrasco, además de burlar la Ley y burlarse del luto por su conciudadano, delegando sus funciones durante dos días. Se llama Galparsoro y de nombre -¡qué sarcasmo!- Inocencia. Le nombran Inocencia Galparsoro. Ahora, una oración mal rezada, porque no es posible sustraerse al odio que suscitan los criminales. Ese es uno de efectos infecciosos del terrorismo. Y mañana a votar. A votar lo que se quiera y a quien se quiera, pero a votar. Se decía que antes del domingo día 9, la ETA haría un gesto para inclinar la balanza a favor de Zapatero, que niega con la boca pequeña el retorno a las negociaciones, y la banda concluye que es la única oportunidad que van a darle de chalanear después de poner cinco muertos sobre la mesa. No hay que pensar que Zapatero vuelva a caer en la trampa si gana. Al terrorismo, ni agua ni piedad. Lo mismo que a Inocencia Galparsoro, alcaldesa indigna de la villa de Mondragón. Y el lunes, el lunes día 10 de marzo de 2008, un acuerdo histórico entre socialistas y populares, gane quien gane. Al día siguiente de las urnas, un pacto contra el terrorismo como el que un día sugirió, impulsó y suscribió el propio José Luis Rodríguez Zapatero, aunque luego se haya olvidado de él. Tenemos tanto que hacer juntos en materia de Terrorismo, Pensiones, Sanidad y Educación, que si los partidos pensasen en España la antepondrían a sus siglas. Darío Vidal 08 / 03 / 2008 |
Votar a favor de Espaņa (09/03/2008 00:05)
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“ESPAÑA” ES DE MAL GUSTO
Ahora que no tenemos empacho en llamar puta a una señora en público, de hablar de los cuernos de un personaje y de citar el coño, el chocho, el pene, la polla, los polvos a derecho y contra natura, y otras acciones, omisiones, pasiones, accidentes y órganos sexuales, sensitivos, anejos, perisexuales y parasexuales, ahora, precisamente, se considera de mal gusto pronunciar el nombre de España. La palabra España es poco menos que indecente y obscena. Y lo más estupefaciente es que entre quienes la consideran de mal gusto está el presidente de su Gobierno. A José Luís Rodríguez Zapatero parece quemarle esa voz infame, comprometedora e infecciosa, que solo se aviene a pronunciar acuciado por la inminencia de las elecciones. No puede extrañar por ello que, contra la costumbre, la práctica y la tradición, renunciase a dar la voz de España cuando finalizó su parlamento ante los soldados que la representan en el Líbano. Ni el presidente francés Nicolás Sarkozy, descendiente según dicen de un inmigrante magyar, que pretende organizar el Estado francés ateniéndose a criterios de eficacia en la gestión como si se tratase de una empresa mercantil, ha renunciado al nombre de Francia sino todo lo contrario, en tanto que el español –con perdón-- se queda mudo antes de pronunciar la palabra España. El presidente del Gobierno puede estar afiliado a cualquier partido, pero, por encima de todo, su partido debiera de ser la Nación. Si no tuviésemos un Rey que garantizase su identidad y permanencia, como Zapatero llegase a presidente de la República tal como desea, lo que queda de España nos duraría apenas una temporadita. Hay actitudes fraudulentas que mueven al escándalo e inducen al desprecio, como el juez que vulnera la Justicia; el rabino, el imán o el sacerdote que blasfema de Dios, y el político que traiciona a su país o conspira contra su unidad: todos son felones desleales y fementidos impostores. Un político puede dar en la diana o fallar, acertar o equivocarse, pero nunca renegar de su patria. En un político, la tibieza es ya, en si misma, una deserción. No importa la naturaleza de los sueños, pero lo que no se le puede perdonar es la falta de amor y la carencia de entusiasmo. Cuando la feligresía se alborota por la audaz ocurrencia de Sarkozy, que proyecta una nueva manera de gobernar la nación basándose en criterios de eficacia como si se tratase de una compañía mercantil, parece no reparar en que la dirección de la “res pública” no puede estar por más tiempo en manos de aficionados, diletantes e improvisadores ya que los que se dedican a gestionarla carecen de cualificación profesional. Todo lo mas que se les exige es que hayan cursado derecho o Ciencias Económicas como si constituyesen la panacea que garantizase el buen gobierno. Antes, la devoción política suplía la eficacia si era “de los nuestros”, pero cuando el pensamiento mengua y se produce “el ocaso de las ideologías”, un fenómeno patente acaso para bien, es razonable profesionalizar la Política, o sea a los políticos, que hasta casi nuestros días han sido “intrusos” con alguna feliz excepción. Al norte de los Pirineos desean sustituir la palabrería y las promesas por el programa y el rigor, a la mayor gloria de una Francia de la que se les llena la boca. Aquí critican ese cartesianismo político, en favor de la arbitrariedad del jefe y sus amigos, pero silencian el nombre de España. Darío Vidal 09/01/2008 |
'Espaņa' es de mal gusto (09/01/2008 16:07)