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Publicado: 09/10/2008


 

LOS COCHECITOS DE LA RADIO


Los dos automóviles que Radio Nacional regala cada día, son como el sobre con el cromo para los niños en la bolsa de patatas fritas. Es el reconocimiento de la inferioridad de la mercancía y de la ineficacia de sus gestores. En todos los periódicos que he visto zozobrar por la incompetencia de un “staff” mediocre y sin ideas, ha sucedido lo mismo. Los advenedizos desean borrar la huella de sus predecesores y demostrar a la empresa que pueden subir la tirada o ampliar fulgurantemente la audiencia conquistada durante años con tesón, entusiasmo e inteligencia.

Lo malo es que no saben qué hacer. Y su desconocimiento del medio les lleva a confundir continente y contenido, ignorando que los empeños culturales se reducen casi siempre a lo segundo. Sobre todo cuando se trata de la radio. De modo que esos espontáneos llegados a más, tratan a ese delicado producto de la inteligencia y la sensibilidad como una mercancía.

Lo primero que se les ocurre es abaratar los costes, prescindiendo del personal que es su único activo, en lugar de enriquecer la gama de la oferta. Y cuando la audiencia defraudada se venga de la estafa con la huida, se preguntan estúpidamente cuál puede ser la causa. No saben o no quieren hacer balance de sus errores ni reconocer que han empobrecido su oferta en ocasiones irremediablemente, así es que recurren al pequeño soborno de regalar coches a cambio de horas de audiencia. Qué disparate. En la radio, como en la relación personal, no basta con “oír como quien oye llover”. Se trata de escuchar y ser escuchado, que es la única manera de que el lenguaje sea fecundante y de transmitir pensamientos y emociones. ¿Es tan difícil llegar a esa certeza?

Aún a riesgo de sentirse un poco paranoico, es fácil caer en la sospecha de que, como resulta difícil hacer las cosas tan rematadamente mal, la dirección de RNE esta subvencionada por la competencia. El “enemigo” se ha infiltrado en el Alto Mando. No hay otra explicación plausible. Hace solo un año, Radio Nacional tenía espacios diarios como “Clásicos Populares” de Fernando Argenta y Araceli Fernández Campa, que descubrieron durante muchos años la belleza de la música clásica a miles de personas, mediante la amenidad y la implicación de los oyentes, logrando “instruir deleitando”. En unos meses se ha operado la voladura controlada del programa con el pretexto de la jubilación de ambos, sin que ellos la desearan.

Después del mejor Carlos Herrera salpimentando, nutriendo y alegrando las mañanas, Julio César Iglesias consiguió mantener el programa conservando el mismo equipo, integrado entre otros por Luis Figuerola Ferreti, Javier Capitán y su pléyade de personajes auxiliados por un sobresaliente equipo de producción, pero “Buenos Días” fue barrido y licenciada su tropa, con la advertencia de que no pudiera reagruparse, lo que parece sugerir que sería una dura competencia desde otra emisora con lo que cabe preguntarse por qué lo “desguazó”. Y para terminar, la dirección se ha cargado esta temporada, sin previo aviso, “La noche menos pensada”, el programa nocturno de Manuel Hernández Hurtado (Manolo H.H.) con la participación de Javier Bergia.

De ese modo han aniquilado, devastado y puesto a los pies de las otras cadenas a Radio Nacional. Y su dirección regala coches pagados con nuestro dinero para ganar la audiencia recién perdida.

Aceptando que no hay que dormirse en el éxito, es bueno experimentar nuevos programas, pero sin suprimir los que siguen teniendo éxito y audiencia. Mas cuando todo lo que el actual equipo pensante de RTVE es capaz de idear o vehicular son esos amorfos “Afectos matinales”, vespertinos o nocturnos, hay que sugerir su urgente relevo. Ayer por la noche me metí en La Uno después de no se cuanto tiempo y oí a los oyentes en defensa de la anterior programación. Por eso escribo otra vez de su desprotección y de la indigencia intelectual de los responsables del medio, sin olvidar a la conductora de ese bodrio indigno incluso de una radio local, la inefable Silvia Tarragona, que constituye una impúdica exhibición de arrogancia, frivolidad, provincianismo, incultura e ignorancia.

Darío Vidal

09/10/2008



 

       Baratijas en Radio Nacional (09/10/2008 23:43)


Publicado: 06/10/2008


 

LA VACUNA


Ya se ha iniciado la campaña. La televisión, la Seguridad Social y el médico de cabecera nos instan a la vacunación. Nuestra salud se halla en peligro y este invierno “la gripe va a venir sobremanera virulenta”. Como siempre, como todos los años.

Hace unos otoños estaba especialmente aprensivo tal vez porque me había afectado cierta desgracia familiar y decidí vacunarme. Maldita la hora: me inocularon el virus con toda la dedicación y contundencia de los creyentes y desfilaron por mi lecho todos los síntomas y molestias de la gripe sin faltar ninguna, desde el dolor de cabeza, el entumecimiento de huesos y la fiebre, hasta la rinitis, el escozor de ojos y la fotofobia, para desembocar en la bronquitis y el destalabarte general. Y en el ínterin tomé verdaderas tortillas de pastillas, océanos de oleosos jarabes, y, desde luego, no se cuantas clases de antibióticos que, como todo el mundo sabe, no son efectivos contra los virus. Pero no importa: había que ponerse antes la venda que la herida por si se producía una infección. No se produjo, al parecer, pero terminé acaso más maltrecho que si me hubiese invadido una división acorazada de bacterias.

Cuando lamenté compungido mi mal estado al médico, me consoló: “Pues imagínese como estaría si no le hubiésemos vacunado”. Me callé porque estaba en sus manos. Pero me entraron muchas ganas de gritar que sin aquella suerte de suicidio controlado que es la vacuna habría pasado el invierno como todos los otros, fresco como una lechuga y sin gastar un duro en botica.

Pasaron unos años y otra virulenta campaña sanitaria, mas intensa que que la morbilidad de los virus que nos amenazaban, esta vez apoyada por algunos familiares que temían por mi salud, me llevaron a la lanceta del sanitario y al lecho días después. Es verdad que esta vez solo por darles gusto y con la secreta esperanza de que no ocurriese nada. Pero ocurrió y me di a los demonios con contundencia, por hacer buena la máxima aquella de ser el hombre el único bruto que tropieza dos veces en la misma piedra.

Pero tampoco soy un apóstol. No hago proselitismo. Cada ser vivo es, o ha de ser libre, para equivocarse por su cuenta y riesgo. Únicamente he decidido por mi cuenta, como si se tratase de mi, con dos personas mayores que les salvé la vida varios inviernos, hasta que el Cielo se las llevó sin fiebre, sin bronquitis y sin aspavientos.

Las vacunas son un misterio como el de la Trinidad, aunque no es preciso excederse en ciencia ni en sabiduría para penetrarlo. No tienen la culpa los médicos ni los boticarios en este caso, sino la poderosa, maloliente y humeante industria farmacéutica que no pone en producción algunas de sus fórmulas para que se produzca mas demanda, y no accede a poner al alcance de los enfermos del Tercer Mundo los “retrovirales” que les curarían del SIDA. Y así mantienen el precio del producto, caiga quien caiga.

Ellos aconsejan la vacunación. Pero advierten cínicamente de que cada invierno mutan las cepas, de modo que los agentes patógenos son distintos cada año. ¿De qué sirve entonces inocularse al virus?

Darío Vidal

07/10/2008

 

       La vacuna (06/10/2008 19:17)


Publicado: 03/10/2008


 

LA TARASCA EN CELO


Resulta que la venenosa hidra asesina, la tarasca sanguinaria, la gomia que tantas veces ha inducido a cercenar la vida de inocentes y contribuido a que otros mataran fría, ciega e indiscriminadamente, quiere ahora parir. Esa zarrapastrosa estantigua preñada de odio y de rencor, que tantas vidas ha truncado, quiere dar la vida a un ser tan inocente como los que ella condenó. A no ser que su perversidad le inocule el odio en el huevo, desde el útero estéril de machorra que tiene que recurrir a la preñez prestada y asistida en la hora en que el organismo se niega ya a concebir.

Elena Beloki, dirigente de “Batasuna” y de “Xaki”, y por consiguiente responsable política de sus fechorías tal como su compañero Juan María Olano, que ha sido dirigente de las Gestoras Pro Amnistía y está también en prisión, no han tenido ocasión de engendrar una criatura. Así han estado de ocupados y de tal modo tienen las entrañas estériles y secas. Pero nunca es tarde. Cuando va a cumplir 47 años y tiene que permanecer 13 en prisión, la etarra acaba de tener una ocurrencia que le exima de la pena. Unos políticos inseguros e incapaces y algunos jueces pusilánimes y medrosos permiten que burle el encierro para que “la inseminen”. Y dado ese paso, ya algunos de ellos sugieren que no ingrese en la cárcel para que en ese estado no se deprima ni entristezca.

Tal vez esas cautelas humanitarias podrían tener algún sentido en una criminal, aunque dirigiese una banda que mata, si la hubiesen arrestado en estado de gravidez, pero facilitar a posteriori el embarazo de una delincuente para dar ocasión a que sus cómplices exploten los sentimientos de humanidad, comprensión y compasión, con que blindarla ante la sociedad biempensante y políticamente correcta, es del género idiota. Y es, sobre todo, una cara cobardía de hipócrita de los que quieren no hacerse visibles a los matones de la banda.

Por eso no se le deniega el tratamiento con cargo a las Seguridad Social de las posibles víctimas aunque es prácticamente ineficaz a su edad, pese a que la propia “Osakidetza” (Servicio de Salud) cifra en menos de 40 años el límite de las mujeres a tratar, y por eso su libertad no se limita a los días en que pueda determinarse si el embarazo se ha consumado, con los controles periódicos necesarios, sino que se propone prácticamente la libertad de la paciente sine díe, tal vez hasta el improbable parto mientras se repiten las inseminaciones.

Si una pobre “mechera”, si una mujercilla que hubiese pasado “maría”, si una desgraciada sin nombre hubiese tenido la audacia de expresar ese súbito deseo de maternidad, le habrían aplicado enérgicamente el empeine a las posaderas y la habrían restituido a su celda. Pero este es un caso distinto. Hay que permitir que la fiera procree para que, convenientemente adiestrada, su cría también se reproduzca, odie y mate.

Hay que garantizar la libertad y hasta el capricho de los parásitos. ¿Pero quién garantiza la libertad y la seguridad de los ciudadanos? ¿Los jueces tal vez?

Darío Vidal

03/10/2008

 

       La tarasca en celo (03/10/2008 22:32)


Publicado: 01/10/2008


 

CAZA A LA ESPERA


Los delincuentes cibernéticos dirigen cada día mayor atención a los ancianos, espiando las cuentas y sus claves para birlarles los ahorros, de modo que aunque estén arrumbados en la vía muerta no pueden relajar la atención ni al final de sus días. Hay buitres que los sobrevuelan para despojarles de la pensión cuando no de los escasos recursos de toda la vida.

Otros malandrines emplean sistemas que afectan a un espectro mas amplio de víctimas, jugando con la avaricia, la ruindad y la miseria moral de los afectados. Aunque eso no suscita tanta ira como el pillaje contra los pensionistas indefensos. En todo caso hay que recomendar cautela y no arriesgarse en operaciones que no se entienden: hay que tener la sensatez y la humildad de reconocer que los jóvenes poseen por lo menos la misma imaginación y parecida capacidad de reflejos que ellos cuando tenían sus años. Solo que, en este momento, la edad avanzada no tiene el prestigio que en su juventud y nadie va a compadecerse de ellos. Ni de nadie.

Hay organizaciones que venden plazas en las pateras –es un decir-- a cambio de todos los bienes de un desheredado del Congo o Gambia, y otros parásitos desaprensivos y criminales, les sajan lo que les queda “buscándoles” trabajo o “capacitándoles” para un oficio. Algunos “empleadores” aseguran ingresos suficientes a los presuntos clientes “empleados” aunque no tengan ninguna habilidad y carezcan de experiencia laboral. Recuerda aquellos anuncios de otros tiempos: “Señoritas de buena presencia, trato amable y ganas de triunfar, que hayan cumplido 18 años y no sobrepasen los 28, se precisan para trabajo fácil y bien remunerado. No es necesaria experiencia ni se piden referencias”. Verde y con asas. Pero, claro, las “señoritas” de aquel tiempo, aún las más audaces, solían ser ingenuas, bastante iletradas, un poco demasiado ambiciosas y notablemente incautas. Y cuando habían caído en la tela de araña les resultaba más que difícil desembarazarse de ella, atrapadas en una red de amenazas, promesas, embustes, embarazos, violencia, ignorancia, compromisos y miedo que en ocasiones no se desanudaban sino con la muerte. En mi época de estudiante de Periodismo pretendí introducirme en una red de trata, exhibiendo fotografías ful de posibles pupilas, y como los tipos aquellos conocían más su oficio que yo el mío y el suyo, tuve que desaparecer durante unos meses porque no advirtieron, acaso para bien, que yo no era mas que un pardillo justiciero con la cabeza a pájaros y afán de aventura. Debieron suponer que era una cuña de otro clan o un infiltrado de la policía, cuando me hallaba tan desarmado como los ancianitos jubilatas ante los expertos cibernautas criminales de hogaño.

Vean lo que está apareciendo en Internet y juzguen por si mismos:

Estamos buscando hombres y mujeres honestos interesados en un buen trabajo bien pagado (1.500 €) y que ocupa solo 3 o 4 horas diarias. No requerimos ninguna experiencia ni habilidad especial. No desprecie este trabajo que usted estaba buscando y puede realizar desde su propia casa. Esta compañía familiar dedicada a las antigüedades no le exige ningún dinero; solo se lo hará ganar y le pagará la primera semana como empleado. Por favor, responda este e-mail a ...”

¡Conmueve tanto esta altruista oferta de trabajo...!

Darío Vidal

01/10/2008

 

       Caza a la espera (01/10/2008 11:44)