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Publicado: 05/05/2006


 

ADIÓS A DON ANTONIO

Puede que con don Antonio Beltrán no coincidiésemos confiadamente por un desdichado libro que compartió con José Manuel Porquet Gombau en el que su colaborador se apropió de mi recetario de cocina popular, árduamente cosechado desde el destierro, durante años de peregrinaje por Aragón, todas con sus fichas, todas con su fuente, su localización geográfica, la fecha de obtención y el nombre del ama de casa, la guisandera o el ranchero que me la proporcionó, datos que no aporté al libro como sabe el que fuera consejero de Cultura del Gobierno de Aragón, el filósofo José Ramón Bada Paniello, pero que poseo con mis originales.

Nada importa tampoco que, llevado de su laboriosidad, avanzase sobre una idea o un proyecto ajeno, que acaso le había sido revelado en un momento de sobremesa y confidencia incluso en presencia de otros, lo que habla de su falta de intención de apropiárselos y solo acuciado por la urgente necesidad de descubrir, desvelar y difundir las claves de nuestra identidad colectiva, tan ignoradas muchas veces por la incuria, la pereza, la dejadez y la apatía de los aragoneses, cuando no por el mezquino propósito de ocultar los hallazgos por parte de los que 'saben', para no compartirlos.

Don Antonio sin embargo era generoso y nada renuente a la hora del elogio cuando juzgaba que un proyecto, una idea o una iniciativa ajenas, merecían algún reconocimiento, lo que no es poco mérito en una sociedad envidiosa, celosa y recelosa. De modo que quien no entendiese su prisa por acometer empeños como 'Las Recetas de la Abuela' que impulsó la Academia Aragonesa de Gastronomía, difícilmente no se habría dejado ganar por su apasionada defensa del Vencimiento del Dragón que presidió invitado por su autor en la escalinata del Ayuntamiento de Alcañiz un dia de San Jorge. Quiero decir con ésto que entre el trigo y la paja que cosechó en su fecunda existencia abundó más el grano que la ganga, tal vez por el desinterés de sus empeños y el entusiasmo de adolescente que empeñaba en cuanto acometía, sobre todo en lo que se relacionaba con Aragón. Va a ser muy difícil encontrar quien le sustituya y convierta en obras el amor por esta tierra. No son muchos los hombres de talante crítico y talento bastante para no incurrir en el halago pueblerino, la aquiescencia complacida y el impúdico baturrismo ramplón, que despreciaba Don Antonio. Tal vez porque la natural sobriedad de monegrino de nacencia le distanciaba de la seguridad del hortelano de regadío, suficiente y contento, que ha sido devastadora para Aragón.

Pero al margen de ello, la labor científica e intelectual de nuestro viejo profesor, el juvenil entusiasmo contagioso, la constancia alimentada seguramente por la desolación y la soledad sequiza de su tierra, la determinación en los empeños y la energía sin arrogancia con que actuaba, habrían sido merecedoras de un mayor reconocimiento por parte de nosotros los aragoneses, si no hubiese bastado la humanidad, y la llaneza cordial de su carácter. Mas ya se sabe que “en Aragón / a buen servicio / mal galardón”.

Si el profesor Beltrán, si el familiar Don Antonio hubiera desarrollado su actividad docente, investigadora y divulgadora en los lugares en que la inició, muchos hubiesen ponderado la trayectoria de aquel enjuto personaje vivaz y onmipresente que siguió atento, activo y vivo hasta el último instante. Pero quiso vivir, trabajar y morir en la tierra que tanto amó y que tan poco quiere a los la que aman. Que Dios lo haya, y a nosotros nos perdone.

Darío Vidal

04/05/06

 

       Adios a Don Antonio (05/05/2006 13:25)