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Publicado: 07/01/2006


 

PERDER SIEMPRE


Llevo meses de mutismo. Al cabo he aprendido, aunque tarde, que es mejor escuchar que hablar y que constituye una arrogancia y una torpeza hacerlo “si no es para mejorar el silencio”. Pero hay ocasiones en que permanecer callado equivale a una deserción y una huída.

Me he abstenido de opinar en todo el trámite del Estatuto de Cataluña y en el proceso de desmembración del Archivo de Salamanca, pero una vez que el dirigente del nacionalismo socialista Pasqual Maragall ha mostrado sus cartas ya no hay por que andarse con remilgos. El catalanismo ha desembocado en el separatismo sin ambages dando muestras de una absoluta coherencia. Aquel es el camino y esta la meta.

Hace unos cuantos años negocié con el Conseller de Cultura de Cataluña la gestión compartida del Archivo Histórico de la Corona de Aragón de Barcelona, cuando comenzaba a denominarse Arxiu Historic de Catalunya. Las conversaciones fueron corteses como cabía esperar, pero no francas. Por ejemplo, uno de los primeros escollos con que nos topamos es con que estaban catalogando todavía los fondos. Al parecer no les había dado tiempo a hacerlo desde el siglo XIV. Así que les ofrecí funcionarios, archiveros, historiadores y recursos para agilizar la tarea, pero no parecían interesados en que nadie husmease en los papeles.

Ahora ha sobrevenido la crisis inventada por la custodia de los papeles de la Guerra Civil que se conservaban en Salamanca, y Pasqual Maragall los ha acogido no con la discreción de lo que es justo sino con la ostentación con que se exhiben los triunfos. Y la provocación y el menosprecio de los demas ha culminado en una grosera burla de la Historia y una cínica tergiversación, como si se hubiese tratado de una contienda entre españoles y catalanes. ¿Qué se atreverán a inventar cuando no queden testigos? Pero en cualquier caso, con esa maniobra se le hurta a Aragón otra parte de su pasado una vez más, tal como la ocupación de parte de Huesca y de Teruel por las columnas Maciá-Companys, y la memoria de una experiencia utópica y única en el mundo: la colectivización libertaria de buena parte de la Tierra Baja.

Tampoco eso nos sorprende porque los bienes religiosos de las parroquias aragonesas de que fué adueñándose el obispado de Lérida sigilosa y taimadamente durante años, también siguen en su poder. Han negado la propiedad de la mitad del tesoro, aduciendo que Aragón no puede probar su pertenencia, aunque Cataluña no sea capaz de explicar como ha llegado a sus manos. Pero incluso la mitad de los bienes que se hallaban decumentados no han corrido mejor suerte y permanecen en su poder. Sometido el litigio al arbitraje a la Santa Sede, que ha obligado a restituírlas en todas sus instancias jurídicas y canónicas, la Iglesia Catalana se niega a obedecer, de modo que el papel del Vaticano no puede ser más desairado ante la indisciplina, la desobediencia y el desecato de los que se proclaman sus ministros.

No deseo alentar la discordia ni confundir los nacionalistas con los catalanes - entre los que cuento con fraternales y probados amigos incondicionales-, porque no son la misma cosa y se atreven a criticar esos extremos pese a la presión a que están sometidos. Aunque no se les oiga.

Sin embargo hay que decir también que nuestros políticos no tiene el apoyo ni el aliento de la sociedad. Y hay batallas que las gana la calle. Pero somos una comunidad desmotivada y falta de fe en si misma. Carecemos de entusiasmo y antes de porfiar estamos entregados. Y eso está en nuestras manos.

Darío Vidal

07/01/06

 

       Perder siempre (07/01/2006 23:56)