Hemeroteca:


Septiembre 2020
Dom Lun Mar Mie Jue Vie Sab
   
     

Publicado: 16/08/2005


 

SU SEÑORÍA Y SU CUADRILLA


La conducta de las personas da testimonio, más que los títulos, de la calidad, la condición y el decoro que las faculta o inhabilita para ostentar un cargo público o una responsabilidad cualquiera.

Pues bien, se da el caso de que este fin de semana un rufián llamado Joan Puig que no pensaba haber hecho méritos bastantes para pertenecer a Esquerra Republicana de Catalunya, ha convocado a su cuadrilla balear y se ha mostrado digno del grupo montaraz al que se acoge -una secta inelegante y sin principios, grotescamente sacrílega y cobardemente provocadora-, asaltando el domicilio de una persona que no le es grata, profanando su intimidad, allanando su morada, violentando a sus empleados, agrediéndoles, hiriéndolos, vejándoles, insultando y escupiendoles, como hacían en los barrios marginales de Barcelona cuando muchachos y más tarde en ''Terra Lliure''. Dios nos libre de los libertadores, que suelen ser todos como éstos.

Cualquier abogado sabe qué cargos podrían imputarse al asaltante y sus cuadrilleros. Pero hete aquí que la lechosa morsa informe que se encaramó a una casa en calzoncillos desde la playa, o sea el tal Joan Puig, no es sólo militante de un grupúsculo cada vez más marginal al lado de otros intrépidos provocadores con inmunidad parlamentaria como Carod, Tardá y Puigcercós, sino que es además miembro del Congreso de los Diputados, un ''representante del pueblo'', que para mayor infamia trepó hasta el chalet del director de ''El Mundo'' Pedro J. Ramirez con el carnet de congresista entre los dientes y mientras ordenaba las acciones que habían de realizar sus comparsas se zambullía en la piscina. Una hazaña vergonzosa de delincuente perpetrada impunemente con exhibición de la credencial de la Cámara que sanciona las Leyes. ¿Es posible mayor escarnio?

Aunque la cosa no es para tanto a juicio del ''El País'', porque el Puig y sus muchachos no se chapuzaron en la piscina. Una precisión relevante que nos ilustra por si precisamos tomar un día ''manu militari'' el domicilio de un cristiano. Ustedes entren y hagan lo que quieran pero, eso sí, absténganse de utilizar la bañera. El cuarto de baño ni tocarlo. Aún que tengan pis. Quietos. Si observan tal precaución podrán campar por el hogar de su enemigo como Pedro por su casa, que es lo que hicieron por la del director de ''El Mundo'' que por algo se llama Pedro. Y es que no hay como saber de leyes. En eso el culto legislador Joan Puig nos lleva ventaja.

Mas lo peor no es lo relatado, con ser sintomático. Eso se arregla con un suplicatorio, unos guantes de gamuza para no pringarse y decisión para agarrar al intruso por el fondillo y la camisa y arrojarlo a la sentina después de retirarle el carnet. Lo realmente grave es que la Guardia Civil, esa institución que tantas veces defendimos, haya desobedecido al Delegado del Gobierno en Baleares como corrobora una fuente del propio Cuerpo, al parecer para tomar venganza del Ministro del Interior señor Alonso por las actuaciones tras el luctuoso suceso de la paliza policial de Roquetas de Mar.

Si el descrédito del Gobierno ha llegado al punto de desvertebrar el Estado e inducir el cantonalismo y las taifas más allá del desbarajuste territorial y la maquinaria desjerarquizada y sin guía se niega a obedecer y funcionar, habrá llegado el momento de urgir elecciones anticipadas a ver si con un poco de cordura nos ponemos cada cual en nuestro sitio.

Darío Vidal

16/08/05

 

       Su Señoría y su cuadrilla (16/08/2005 20:38)


Publicado: 13/08/2005


 

LAS REINAS DE AMURRIO


No hay como ser ignorante para ver las cosas claras. A medida que se analizan contactos, se ponderan reacciones y se evaluan conexiones, se pierde uno en la realidad compleja y termina en la perplejidad que incapacita para la comprensión y para la acción. Y sumen al pasmo la inoperancia. Por eso para ejercer determinadas funciones debería hacerse un ''casting'' entre gente dotada de buen juicio pero ignorante del ''metier'' con objeto de que se condujese y actuase sin prejuicios y con absoluta independencia.

Un personaje así elegido podría determinar con absoluta fiabilidad lo que hay que hacer con Pablo Isasi, alcalde de Amurrio con párpados, hechuras y bigote de coronel del ejército de Emiliano Zapata y militante del PNV por más señas, que acaba de designar Reina de las Fiestas de su pueblo a Santos Berganza y Dama de Honor a José Ángel Biguri, dos tíos de la Eta que están encerrados en chirona por criminales desde hace como tres lustros y que imagino la gracia que debe hacerles que sus ex-convecinos se los imaginen con sujetador y ligueros a estas alturas. Pero es que pedirle a Eta respeto por el dolor, aunque sea de los propios, es pedirle una pizca de imaginación, de sensibilidad y empatía. Música para sordos.

Pues bueno, al margen de las acciones -impensables- que pudieran acometer estos dos bravos ''gudaris'' contra los suyos y su alcalde, por utilizarlos, incluso fuera de servicio, como marionetas marilocas por sus compinches de la banda -¡como para fiarse!-, parece lógico que el Estado se interesase por el vil, sarcástico e irrespetuoso comportamiento del regidor nacionalista porque se ha situado fuera de la Ley al hacerse cómplice de la propaganda de los terroristas y como afín a sus propósitos. Porque, vamos a ver, cuando uno homenajea a alguien, aunque sea recurriendo a la transexualidad, denota admiración, respeto y apoyo hacia la opción ideológica, la labor realizada y la trayectoria vital del homenajeado. Y aquí el señor Isasi querría ser, en los ratos libres que le deja la gestión, sin duda ejemplar, equitativa y altruísta de los asuntos de su pueblo y sus vecinos, terrorista. (O sea, ''seria de día y coqueta de noche''. ¿No recuerdan qué cachondeo?) Se entiende muy claro que el mansurrón de Pablo Isasi quiere alentar a los jóvenes para que sigan el camino de los criminales por la via de la emulación y del ejemplo. Así es que no hay que marear la perdiz ni dar más resonancia al hecho en los medios de comunicación a mayor beneficio de la Eta. Se envía al Pablo Isasi a la residencia de sus admirados conciudadanos para que goce de su compañía, y ya está.

Darío Vidal

13/08/05

 

       Las reinas de Amurrio (13/08/2005 23:53)


Publicado: 11/08/2005


 

LA LECCIÓN DEL CIGARRILLO


No se si se han dado cuenta pero este verano apenas se ven fumadores. La vasta campaña de acoso a los adictos -más allá incluso de lo razonable- ha dado unos resultados sorprendentes. Cabría preguntarse por qué padecemos lacras más alarmantes y nadie se propone erradicarlas. Y es que me temo que nadie tiene interes en mover un dedo.

El tabaco es un hábito, un vicio, un placebo y una adicción tanto orgánica como psicológica. Una costumbre de muchos años. Y está siendo extirpando de tal modo que estos días me llamaba la atención ver a alguien fumando por la calle. Cabría suponer que otros hábitos que además de más recientes no comprometen la economía del organismo ni crean dependencia tales como la mala educación, el desprecio a los demás, el atolondramiento y la negligencia que tantos incendios provoca en los bosques, además de la conducción inconsciente, se corregirían aunque solo se dedicase a ellos la cuarta parte del tiempo, que a al desprecio, el insulto, el puñetazo, el balazo, la violencia y la conducción enloquecida de las persecuciones en la TV que los adolescentes pretenden imitar.

Si Dios nos sigue amando, acaso nos disuada -ya que los que mandan no parecen dispuestos a hacerlo-, volviendo ociosas las palabras frente al puñetazo, consintiendo que la calle este en poder de la delincuencia para que descubramos el infierno, y condenando el automóvil a su extinción por culpa de quienes se oponen al uso de combustibles limpios y baratos ya existentes, sólo porque no los controlan. Esos repugnantes holdings gangsteriles terminarán asfixiándose presos de su avaricia, como el Rey Midas hambriento porque hasta los bocados que se llevaba a la boca dejaban de ser comida para convertirse en oro.

Pero el caso más vergonzoso y flagrante de cínica complacencia con el Mal lo da la Dirección General de Tráfico y por supuesto el Ministerio del Interior, que no desean evitar la muerte en la carretera como se ha puesto de relieve en las nuevas normas de Tránsito, sino transmutar los cadáveres en oro.

Decía Napoleón que cuando se desea aniquilar a una comunidad por el terror basta con promulgar leyes que no se puedan cumplir y castigar severamente a los infractores. No es preciso hacer más. Respecto a la eficacia de las nuevas ocurrencias que ha propuesto el inefable Pere Navarro, la realidad ha dicho la última palabra: los accidentes y los muertos que seguían su curva ascentente, se han disparado. Pero la incompetencia o el cinismo no bastan para remover a nadie de su cargo.

Lo que va a penalizarse arbitraria y ferozmente con más de cincuenta mil pesetas de multa por falta grave -lo digo así para entendernos- es haberse retrasado en el pago de la ITV, renovar el carnet fuera de plazo que no son un peligro para nadie, y no llevar el cinturón que tampoco constituye un riesgo para terceros, en el caso de que lo sea para quienes no se lo ponen, que según mi experiencia está por ver.

Este desbarajuste de corte surrealista me ha hecho recordar el nombre de cierta calle que descubrí en un pueblecito estos días. Se llamaba ''la Cuesta de la Bajada'', que es una sabia expresión de agudeza y de retranca, de humor y de ironía que reconcilia con el talento natural de nuestra gente.

Darío Vidal

16/08/05

 

       La lección del cigarrillo (11/08/2005 15:39)


Publicado: 01/08/2005


 

REGRESEN, POR FAVOR


Se ha iniciado la huída, ha comenzado ya el gran éxodo. El país en pleno se toma vacaciones y riadas de automóviles han emprendido el camino de las costas, de las sierras y los lagos. No deseo aguar la fiesta a nadie; me daría por satisfecho con que la consideración del peligro fuese capaz de conjurarlo.

Da escalofrío, pero no todos los que salgamos volveremos a encontrarnos. Y yo quisiera rogarles que no consientan quedarse tendidos en cualquier cuneta, despeñados por un barranco, o en un mal paso a nivel. La vacación ha de ser una fiesta para todos, no un hito luctuoso.

Hace ya unos años, la salida de una curva me llevó al fondo de un barranco al anochecer. Fué un destello, un fulgor, un instante; luego el desbocado cabalgar sobre las piedras y, por unos momentos, la sensación espantosa de surcar el vacío. Después el estruendo del golpe, el horrísono crujido inacabable de la chapa golpeando y desgarrándose, y los tumbos ladera abajo hasta que sobrevino el silencio. Un silencio enfatizado por el suave hilillo de música que brotaba de la radio aún encendida.

Me preguntaba si sería un sueño y quería convencerme de que nada había sucedido porque el motor estaba apagado. Fuí tomando conciencia de que me pareció haber entrado demasiado fuerte en la curva desconocida. No hubo tiempo de más. Sabía que un momento antes, sólo un gesto podría haberlo evitado y supe también que solo mi buena estrella me acababa de otorgar una prórroga de vida porque teóricamente estaba muerto: era imposible haber sobrevivido.

Algunas veces se impone el buen juicio, pero otras, acaso una vez sola, el piloto más cuerdo cede a la impaciencia, la prisa, el pique, la inmadurez en suma, o comete un error de cálculo que le impele a acelerar para salir, o a esquivar o a ganar por la mano al que viene de frente en lugar de abrigarse tras el camión que le precede. Y sobreviene el destello, el fulgor, el escalofrío y el espanto: ''¡No paso! ¡No paso! ¡No puedo pasar!'' No lo había hecho nunca. Fué la primera vez. Pero ya es tarde. Algunos podemos contarlo una vez; otros son rescatados de entre los hierros para ir desguazados al Depósito.

No sé si seré de los que regresen esta vez, pero en esta hora aún puedo contarlo y se los cuento, aún a riesgo de resultar impertinente, con el proposito de que ustedes también puedan retornar a casa. Aquel increíble favor de la Fortuna, me hizo presenciar mi propia muerte sin sufrirla y oír al otro día, cuando la grúa izaba aquel despojo informe para la chatarra, cómo un enterado que decía ser testigo, contaba el sinientro. ''Eran cuatro niñatos borrachos, con droga hasta las cachas, que iban haciendo carreras. Les está bien empleado''. En condiciones normales de presión y temperatura le hubiese dicho cuatro cosas, pero como los muertos tienen un excelente sentido del humor, me callé. Desde entonces doy gracias al cielo por todas las cosas hermosas que me han sucedido en la nueva vida, por los proyectos urdidos y los empeños culminados. Por eso, si ustedes me lo permiten, con la visión irónica que da el estar de vuelta -al menos por una vez- les pediría que no se dejen llevar por la impaciencia, la provocación y la cólera, no actúen si dudan y no vayan con sueño. No maten, no se maten y no hagan que se maten. Vuelvan todos. Regresen, por favor. Hay muchos que les aguardan. No me hagan la faena de dejarme sin lectores.

Darío Vidal

01/08/05

 

       Regresen, por favor (01/08/2005 23:57)