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Publicado: 27/02/2005


 

EL FRAUDE ZAPATERO


Nadie que haya salido de la infancia y cumplido la mayoría de edad cree ya en la devoción de los políticos por la Patria, ese concepto en desuso. Salvo alguna breve y rara excepción, esa es la enseñanza que nos vienen prodigando hace ya tiempo. Antes de saber qué hacer, los políticos quieren estar. Es más: en lugar de estar para hacer, están para estar, aunque no se les ocurra hacer nada.

El caso más escandaloso que recuerde es el del señor ZP. Alcanzó el Gobierno por sorpresa, sin pensarlo y sin ideas, y como nunca creyó poder llegar donde está se ha agarrado con manos y pies, como un mono a una rama, transigiendo, vendiendo, trapicheando y pignorando. Lo único que le importa es aguantar, sobrenadar, mantenerse y seguir. Continuar como sea. No porque tenga ningún proyecto, sino precisamente porque no lo tiene y le sería imposible regresar.

Para no moverse de la Monclóa está dispuesto a negociar con la ETA, a entorpecer la investigación sobre el terrorismo islamista y a repartir en porciones la más vieja nación de Europa, dilapidando una herencia que es de todos y no suya: un patrimonio del que no puede disponer porque no le pertenece y que tiene el deber de preservar. Desatender ese mandato podría considerarse ya una traición; contravenirlo, no me atrevo a calificarlo. Pero en ello estamos.

Alguien podrá argüír que también negociaron Felipe González y Aznar. Es cierto. Pero entonces creíamos que los terroristas tenían ideas y no obsesiones. Hoy sabemos lo que nunca debiéramos haber ignorado: que no se puede pactar con embusteros, con falsarios, con criminales y con gente sin honor, sobre todo si su propósito consiste en asesinar al interlocutor. Y sabiendo eso, este Gobierno no puede hacer lo que hicieron antes otros. Volver a empezar no da resultado ni en el amor ni en la política: es solo el título de una bella canción. Apelar a la tolerancia y el buen talante para ofrecernos otra vez como blanco y objetivo, es bastante para desacreditar ahora a un dirigente.

El caso es que la última novedad es el encuentro de este incompetente ''obrero español'' con que el cielo nos azota, y el topo de los terroristas, el valedor catalán de los etarras, el embajador transversal de la ignominia, José Luís Carod-Rovira, con el que va a crear un grupo de trabajo para alcanzar un acuerdo ''de mayor alcance'' con los separatistas catalanes, lo que completará el nuevo marco de apertura ofrecido al ''lehendakari'' Ibarretxe tras decirle que no pero .

De momento ZP ha prometido al de ERC que favorecera al Gobierno de PM pagando los ''imprevistos'' como el generado por el derrumbamiento del tunel del Monte Carmelo de Barcelona. Eso es hacer política, sí señor.

Estamos convencidos de que todo el mundo se volcaría con Cataluña, lo mismo que otras veces, si hubiese sido víctima de una desgracia natural. Pero que un presidente del Gobierno nos haga pagar a todos los errores -o algo peor- de un partido político en beneficio de su permanencia, rabasa lo razonable. Eso es como pagar las deudas de juego con el fondo de pensiones de otro. De nuestro padre por ejemplo. Es el fraude Zapatero.

Darío Vidal

26/02/05

 

       El fraude Zapatero (27/02/2005 00:12)