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Publicado: 18/02/2005


 

EL MAL MENOR


Votar lo que no se entiende es una mentecatez. Ya lo dije ayer cuando me refería al Referendum para el Tratado de la Constitución Europea. Y aún olvidé añadir que las normas y directivas, esto es las leyes, no emanarán de la soberanía popular tras su debate en el Parlamento como sucede en todas las democracias, sino de la Comisión, o sea del Gobierno como ha sucedido hasta ahora. Con lo que se consagra el dieciochesco pensamiento político del Despotismo Ilustrado que decía garantizar el gobierno para el pueblo pero sin el pueblo: la vejatoria tutela paternalista concebida para una población inculta y lela.

Pero la Política fuerza en ocasiones a incongruencias necesarias que difícilmente entienden sino los políticos. Seguramente todos recordamos que en el único destello de modestia que iluminó la actuación de José María Aznar en la crisis de Iraq, dijo en una conferencia de prensa que no se elige cuando gobernar ni con qué apoyos, de modo que hay que intentar sacar partido de las bazas que se tienen. Se refería a la inoportunidad de la guerra y su vinculación con el agresor. Lo dijo como de pasada y en voz baja. Por eso debe haber pocos que lo recuerden. Mas a la puerta de los comicios se advierte que no hay otra salida que decir . Aunque la dignidad y el buen juicio nos inclinan a solicitar que vuelva a iniciarse el proceso, algo ya imposible. Es imposible regresar al Tratado de Niza. El actual Gobierno del señor Zapatero no se opuso a nuestro desarme y a la cesión irresponsable de parcelas de poder, por la ciega obstinación de oponerse en todo al presidido por Aznar sin valorar sus consecuencias, y ahora no tenemos otra opción que votar y hacerlo afirmativamente por oportunidad y por coherencia. No pudiendo enmendar ni una coma en la redacción del texto, es preferible apoyarlo que darle la espalda. Y por otra parte, si recordamos que fué España el país que propuso elaborar este documento durante su mandato europeo bajo la presidencia de Aznar, no tiene sentido boicotearla no acudiendo o votando en contra. Tal actitud socavaría el crédito y el prestigio exterior de España, presentándola como una sociedad poco fiable, inestable y sin criterio.

Lo que habrá que hacer es recuperar la posición que perdimos por el comportamiento frívolo e inmaduro de Zapatero, cosa nada fácil ahora, y actuar con seriedad en el exterior como en el interior. Pues cuando nuestros socios europeos oyen decir a Zapatero cosas como que ''hay que arriesgar si queremos acabar con el terrorismo'', en vez de decidirse a utilizar la Ley, dudan mucho de su capacidad para regir los destinos de un estado de la Unión.

El domingo no tenemos más remedio que votar, pero que Zapatero no juzgue ese asentimiento como un plebiscito a su persona. Desde ahora vamos a exigirle todo el rigor contra los terroristas, sin más vacilaciones, porque ya hemos ''arriesgado'' bastante durante los años en que nadie ha sabido donde estaba él. Y vamos a pedirle que se olvide de las dádivas a los independentistas para centrarse en la defensa de los intereses de todos ante la Comisión, que ahora viene lo bueno y ha de desfacer el entuerto que nos hizo.

Darío Vidal

18/02/05

 

       El mal menor (18/02/2005 19:46)