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Publicado: 12/02/2005


 

EUROPA Y EL HOMBRE


Grecia nunca fue Grecia. Fue Atenas, Esparta, Egina, Tebas, Argos, y también muchas islas más allá de las Cícladas como Mileto, Samos, Lesbos en la costa de Turquía -que hoy nos preguntamos si pueden considerarse Europa- y en el norte de Africa como Cirene y Naucratis, y hacia el mar occidental como Naxos, Crotona, Síbaris y Metaponto, donde, tierra adentro, una ciudad estado llamada Roma comenzaba a extenderse para fundar un imperio. Los griegos, que tal vez fueron demasiado humanistas, sensibles, individualistas y geniales, jamas fueron capaces de superar sus diferencia e inventarse Grecia. Es difícil valorar hasta que punto pudo radicar en esa aparente limitación precisamente su grandeza, del mismo modo que los amores eternos suelen ser los no consumados o aquellos que la muerte no ha dejado marchitar. Pero lo cierto es que por aquella falta de visión y de acuerdo, se extinguió para siempre el poder político de las ''polis'' griegas.

Por eso, cuando se nos plantea a los europeos -díscolos, disconformes y babélicos- el referendum para una Constitución que irá adelante de antemano, es inevitable la referencia al pueblo que, aún sin hacerse nación, hizo a Europa. Habrá que pensar que probablemente los pueblos mueren si no crecen, y que por primera vez nos es dado construir una entidad política continental por consenso y sin profanar sus campos con sangre. Lo que resultará más difícil es que no haya vencedores y vencidos; que no haya colonizadores y colonizados. Pero como dijo alguien, hoy por hoy fuera de Europa hace frío.

Sin embargo, un espacio que abarca naciones de moderadas proporciones que se expresan en diversos idiomas y han construido su Historia guerreando unas contra otras mirándose a los ojos, pese a hallarse penetradas de una Cultura concebida a medida del hombre, tiene que concertar no pocas contradicciones y conciliar demasiados intereses para integrarse sin convulsiones. No parece ya posible una sociedad europea sin Europa, pero cabe preguntarse si la Europa que diseñan los políticos sobre el patrón gastado de la nación-estado renacentista puede sernos de alguna utilidad en el tercer milenio. El estado tradicional probablemente ha agotado su recorrido y sería conveniente experimentar, sin obviar la prudencia, una fórmula nueva basada en otro género de relaciones, una estructura diferente, un poder eficaz pero no concentrado en un dirigente, y mecanismos de control más eficaces para evitar la arbitrariedad, el nepotismo, la prevaricación y la corrupción que ya hemos conocido.

Los funcionarios europeos acumulan un poder que que les hace muy vulnerables, sobre todo por los grupos de intereses que antes se movían en las sombras y ahora son ''lobbys'' legales con logotipo y oficinas, capaces de aniquilar la Democracia como está sucediendo en Estados Unidos. Un amigo mío decía no temer tanto a la dictadura de los generales o el proletariado, como a la dictadura del funcionariado.

Hace unos sesenta años (Auschwitz) convivían en Europa dictaduras y democracias capaces de prevalecer sobre aquellas. Pero una Europa unida, calcada del estado tradicional y mal protegida politicamente, podría convertirse en la URSS, otra China o un ''IV Reich''. Por eso la Constitución no es cosa baladí y debería explicarse con detenimiento a los ciudadanos.

Darío Vidal

12/02/05

 

       Europa y el hombre (12/02/2005 23:31)