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Publicado: 09/02/2005


 

DOS LECCIONES


El día nos llega con dos noticias significativas: cuarenta heridos por una bomba de ETA en los recintos de Ifema que los Reyes visitarán por la tarde con el presidente de Méjico y el anuncio de un viaje de Moratinos a Washington en primavera. La primera confirma lo que todos sabemos: que el independentismo vasco, negociado con insultos y amenazas por sus políticos demócratas de una parte, mientras sus valientes ''gudaris'' apoyan los argumentos con arriesgadas acciones militares como la de hacer estallar bombas a distancia para matar ciudadanos inocentes, no merece ni la negociación ni el diálogo al que promete sucumbir Zapatero, porque sus inspiradores no entienden más que el lenguaje de la Ley como vienen demostrando desde hace más de treinta años.

Lo primero no exige más exégesis ni escolios. Se trata de una diáfana certeza adquirida con dolor desde hace más de seis lustros, con el crédito de mil asesinados y millares de mutilados y heridos. No hay más oportunidades.

Respecto de lo segundo cabría decir que eso es lo que tiene hacer las cosas atendiendo a lo que nos pide el cuerpo y sin darle ninguna oportunidad al raciocinio. Eso es lo que acarrea hacer las cosas a destiempo y mal.

Puede que no fuese un acierto mandar nuestras tropas a Iraq pese a que no las enviásemos a combatir ni a conquistar, pero hay que ser respetuosos con lo que han hecho los gobiernos anteriores y ''mantenella y no enmendalla'' por algún tiempo, mientras se halla un pretexto de cara al exterior para cambiar de actitud sin dar la sensación de que ésto es una jaula de grillos.

Aquella grosería de Rodriguez Zapatero de no ponerse en pié al paso de la bandera de un país invitado -''¡Olé tuh cohone, Hozé Luíh!''- e incumplir el compromiso contraído con un aliado, nos lleva a ir ahora con la tripa por el suelo como los caracoles o los perros aperreados, solicitando que nos tengan en cuenta y nos den existencia siquiera con su mirada, por un lado Bono con el impresentable Rumsfeld y por otro Moratinos suplicando que Condoleezza se conduela cuando regresen las golondrinas.

El equipo del señor Zapatero no ha aportado al Gobierno de España la frescura renovadora de la la juventud, pero sí la arrogancia gratuíta de los recién graduados que niegan méritos a las generaciones anteriores, pero cogen el tren de alta velocidad, el automóvil y el avión -apenas titubeos cuando sus abuelos-, se cuelgan de la ''tele'', van pegados al ''móvil'' y viajan con el ordenador -puras quimeras cuando sus sus padres- y tienen aún que demostrar qué aportan ellos, que Dios mediante también lo harán. Pero es preciso para ello abrir lo ojos, tomar el relevo donde ellos lo dejaron y aprender. Aprender que ni se puede negociar con los totalitarios o sus embajadores, ni dar a un socio con la puerta en las narices.

Darío Vidal

09/02/05

 

       Dos lecciones (09/02/2005 17:54)


 

EL PACTO INAPLAZABLE


Que los estrategas populares o socialistas vengan diciendo ahora que nada de pactar tras las elecciones vascas, les incapacita para ser asesores de los unos o los otros porque ni son estrategas ni son nada. A ver si se enteran. La inmensa mayoría de los electores, tengamos unas u otras opciones políticas, queremos ante todo seguir siendo españoles. Luego ya veremos cómo nos gobernamos y cuales son las prioridades que contemplamos y qué cuestiones nos merecen más atención. Pero antes, España. España es el campo de juego; luego veremos a qué jugamos. Estos estrategas que no estrategan, estos magos de circo y pacotilla, estos videntes de sala de varietés, estos enterados que no se enteran, desconocen que PP y PSOE no perderían votos ni identidad si mostrasen por una vez cordura y se concertasen frente el independentismo con firmeza.

Vamos a ver si tocan con los pies en el suelo. Pero a ellos les interesan las cuestiones menores aunque pongan en peligro la partida. Es su juego, su medro, su apuesta, su opción, su negociete. Ignoran que nosotros no les perdonaremos que pongan en más riesgos a este país que tal vez no merecen. Ni un balbuceo, ni una vacilación, ni un traspiés más. Nosotros no estamos borrachos. Se ha acabado ya eso de confundir unidad con uniformidad y fascismo, y separatismo con modernidad y progresía. La palabra ''progresía'', para empezar, es una voz anticuada y hortera del siglo XIX acuñada en aquellos años de analfabetismo y hambruna, que tiene muy poco que ver con las aspiraciones de la sociedad de nuestros días. Hay opciones que son previas a la derecha y a la izquierda y no es lícito manipular; una cosa es la voluntad de conquistar juntos nuevas metas y otra la pretensión de disgregar, apartándose cobardemente de los retos de nuestro tiempo, por la mezquina vanidad de ser cabeza de ratón y el egoísmo miserable de hacerse un sitio al sol, sin competir con riesgo a cielo abierto. Que nadie se embosque en sofismas y mentiras, ni pretenda suplantar la voluntad de una comunidad por sus intereses, sus fantasmas, sus rencores o sus sueños.

No es de recibo que a estas alturas, después de tantos años de burla y de chantaje por parte de los nacionalistas vascos, caigamos en nuevas ingenuidades que en estas fechas ya no lo son. Ahora ya sabemos que después de solicitar, exigen e insultan, y mienten, calumnian, difaman y traicionan los compromisos. Pero nunca ofrecen nada a cambio ni dan un paso atrás. Se han creído sus propias mentiras como todos los mitómanos y no reconocen que se les ofrece un nuevo estatus para que se hallen más cómodos con el resto de los españoles, que también es vergüenza, sino que están arrancando la soberanía que se les arrebató y que no es una concesión sino una devolución.

Y cuando lo que exigen, sin ambages ya, es despedazar España apelando a inexistentes derechos tras haber fracasado en su inicial intento de secesión sanguinaria y violenta, no merecen el diálogo. Los que se presentan como políticos demócratas para pedir la independencia sin un gesto de contricción ni el menor pudor, y sin solicitar perdón por haber alentado y consentido la persecución, la extorsión y la muerte de los que sencillamente no opinaban como ellos dejando montañas de escombros, ruina, dolor y lágrimas sobre un panteón de mil personas asesinadas, no pueden tener derecho más que al silencio, ni otra aspiración que la de enfrentarse cada día a su propia conciencia.

Los partidos más votados han de asumir su responsabilidad.

Darío Vidal

09/02/05

 

       El pacto inaplazable (09/02/2005 13:01)