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Publicado: 03/02/2005


 

LA ERA DE LOS ROBOTS


Pues, señores, parece que hemos ingresado de lleno en la era de la Robótica. Y yo, qué quieren que les diga, siento una rara aprensión ante un ser -un objeto es también un ''ser'', un ''ente''- que me sigue, me auxilia y me habla. Incluso cuando sacaba cigarrillos en la máquina del bar, me llenaba de desazón aquella voz turbadora que decía servicial: ''Su tabaco. Gracias''. Y nunca sabía si darme por enterado, dirigirle la mirada o responderle. Mas de una vez me quedé corrido ante la mirada burlona de los otros por contestar mecánicamente: ''De nada''. Qué vamos a hacerle, era la educación que habíamos recibido. Ahora la gente no responde a los cumplidos ni al saludo. Acostumbrados a la mecánica cortesía de sintetizador que nos prodigan las máquinas, nadie contesta a los mortales por miedo a hacer el ridículo.

Se comenzó con aquellos ''platillos'' que barrían, aspiraban el polvo y creo que fregaban y enceraban, aparte otros audaces plurifuncionales como el radioteléfono que nos permite seguir el parloteo del bebé en trance de dormirse. Eran robots inquietantes pero amigos. Mas cabía suponer que la cosa no iba a quedar ahí, porque sabíamos que ese género de tecnología comenzaba a aplicarse a la Aviónica y a cierto armamento como los misiles guiados.

Bueno, pues ya hemos llegado. Mientras los cazas estadounidenses violan sistemáticamente y sin aducir pretextos el espacio aéreo de Rota y los británicos transmiten ininterrumpidamente mensajes encriptados con datos sensibles de la Unión Europea desde Gibraltar, las agencias de noticias nos muestran los nuevos ''marines'' de acero, cristal líquido y fibra de carbono, que han comenzado a producir para patrullar en Afganistán e Iraq o invadir eventualmente Iran y los territorios recientemente incorporados al nuevo Eje del Mal. No tienen nombre, resultaría demasiado humano; poseen una clave alfanumérica y, eso sí, un completo arsenal de muerte: armas automáticas de tres calibres y alta cadencia de tiro, lanzagranadas y lanzamisiles dotados con lentes infrarrojos para visión nocturna y cámaras de vídeo, un complejo sistema de radiomandos y un tren de desplazamiento por cadenas, sistema oruga, que les permiten salvar desniveles no ya como las unidades motorizadas sino incluso como la propia Infantería. Pero sobre todo, tienen la ventaja de ser gobernados por un operador a tres o cuatro kilómetros en la retaguardia, lo que acabará definitivamente con la gloria de los vencedores y la dignidad de los vencidos, porque imagino que al horror de saberse perdido debe sumarse el desconsuelo de no enfrentarse a un hombre al que mirar a los ojos para morir con honor, demandar piedad o ser ignorados como aquellos soldados de Salamina.

Nadie parece haber caído en el desconsuelo que suscita la crueldad de esta chatarra capaz de enterrar para siempre al hombre. Tal vez preferimos confiar en humanoides como ''Hubo'', ideado por Jong-Hwan Kim en el Laboratorio de Inteligencia Robótica de Corea del Sur y dotado de cromosomas digitales capaces de combinarse genéticamente con otros para crear nuevos seres, como nos cuenta hoy ''El Mundo''. O aguardar a ver en las bocas de metro al castizo ''Paco'' (Poeta Autónomo Callejero On-line) que están terminando en la Facultad de Informática de la Universidad de Madrid, capaz de componer y recitar versos como el que le oí ayer noche en RNE con voz de momento demasiado metálica. Los robots belicosos solo serán vencidos por los robots poeta.

Darío Vidal

03/02/05

 

       La era de los robots (03/02/2005 23:02)