Hemeroteca:


Septiembre 2020
Dom Lun Mar Mie Jue Vie Sab
   
     

Publicado: 29/12/2004


 

NAVIDAD EN LERMA


Frente a la hipócrita Navidad urbana de los buenos deseos a plazo fijo y limitado, y las rutilantes fachadas de bombillas de los grandes almacenes con apelaciones al consumo, hay una Navidad del corazón que alcanza a todo el año y que deseo celebrar con la gente buena de Lerma, Burgos, sabedora de que no es posible la fraternidad fragmentada y la solidaridad por entregas. Ser humano sólo siete días al año, porque toca y suenan nostálgicos villancicos infantiles, es un embuste más de la sociedad de la mentira y el fraude que empezamos a imitar en los años sesenta, que fueron los del despegue, el milagro y el desarrollo en que dejamos el corazón atrás.

El día 26 hicieron en Lerma lo contrario que en Belén, y todos los vecinos abrieron sus puertas a los forasteros ateridos de frío que habían sido atrapados por la ventisca en la carretera. Los habitantes de Lerma llevaron mantas, abrigo, víveres, leche, café y bolsas de agua caliente al pabellón que el Consistorio habilitó como refugio, y no cesaron de renovar sus ofrendas toda la noche y de pasar una y otra vez por si los alojados necesitaban algo. Y quienes tenían sitio en sus hogares cedieron sus camas sabiendo que nunca más volverían a ver a aquellos extraños de los que no podían esperar nada.

Hasta el médico, un médico abnegado con el talante de los de antes, se estuvo dando vueltas por si algún niño necesitaba su ayuda. Y nadie ha dado nombres ni reclama protagonismo, al revés que esos desinetesados actores que cantan en los festivales benéficos, o se retratan para un calendario al lado de niños con síndrome de Down para dejarse ver desinteresadamente todo el año para perpetuar una accion tan sacrificada y generosa como posar con unos enfermos. Sin embargo nadie reivindica méritos en Lerma ni reclama homenajes. No ha sido nadie. Ha sido el pueblo. Aquel pueblo admirable y antiguo que aún no han arruinado las películas violentas, los reportajes sangrientos, las experiencias crueles y los programas estúpidos de falsos amores contratados.

Supongo que en Lerma, descontando las humanas debilidades de cada cual, todos los días son Navidad. Loados sean. Que Dios se lo pague y no permita que se marchite ese esplendor de humanidad de su gente, su médico y su alcalde.

En que pasen los fríos me propongo ir para reconocer en ellos a todos cuantos quise, a los hombres cabales, a las mujeres todas regazo, a los abuelos sabios que guiaban con solo la mirada. Aquella gente de que vengo, tan sabedora, tan bien cocida, tan generosa, tan abnegada. Quiero volver a aprender de ellos y su milagro. Y decirles que no se enmienden si alguien dice que eso es anticuado.

Un día, hace ya algunos años, un aviador aficionado como yo y conocido mío, me refería que había tenido que hacer una toma de emergencia en un campo de labor y habían acudido a secorrerle, a apartar piedras, a traerle combustible y a allanar y atablar el terreno los del pueblo cercano para que pudiera despegar. ''¡Qué pobre gente!''- me dijo con el tono condescendiente de quien mira desde arriba. Eran los años del despegue, los de la huída del campo y la burla de la boina. ''Querrás decir que cuánta distancia nos llevan''. Pero él no había entendido la lección.

Hoy ya estamos en condiciones de entender que en Lerma es siempre Navidad.

Darío Vidal

29/12/04

 

       Navidad en Lerma (29/12/2004 20:45)