Hemeroteca:


Septiembre 2020
Dom Lun Mar Mie Jue Vie Sab
   
     

Publicado: 17/12/2004


 

LIDERAZGO


Llevamos muchos años, tal vez desde Yalta, sin principios que seguir ni modelos que imitar. Los adolescentes se adhirieron a la doctrina de la catástrofe con la última filosofía del Continente y se hicieron existencialistas; luego a falta de pensamiento se identificaron con los deportistas; más tarde volvieron los ojos hacia los cantantes y por último quieren ser como los que desnudan su intimidad en público a cambio de dinero, porque el pudor puede comprarse.

Corro el riesgo de descalificarme porque criticar nuestras maneras es una opción fatal: es opositar a ser tachado de caduco, anticuado, carrozón y fascista. Solo eso. Pero desde que se ha renunciado al modelo del héroe que inspiró a Occidente han desaparecido los líderes. Ni la gloria ni la fama mueven hoy las voluntades; si acaso la calderilla de la popularidad efímera al modo de Andy Warhol, y en la mayor parte de los proyectos ni siquiera eso, porque basta con el dinero. No existe un propósito de superación interior y se rehuyen el esfuerzo, la tenacidad y el sacrificio, que han pasado a ser virtudes estrictamente deportivas. El héroe o el príncipe, esto es el principal, había de ser un espejo y una referencia para todos. Era el primero en comenzar y el último en recogerse siempre en activa vigilia, el más prudente pero el más audaz, el más inteligente pero el más humilde, el más exigente consigo pero el más tolerante con los demás, el mejor pero el menos ostentoso, el más generoso, el más austero, el más sufrido, el más cabal, el más hábil, el mejor negociador, el más valeroso, el más entregado a los otros y el que más seguridad y confianza inspiraba a los demás. La versión anglosajona y urbana del principal prescinde del perfil épico pero conserva todavía una cierta ''auctóritas'', cierto ascendiente sobre sus iguales.

Nada de eso tiene nuestro Zapatero. Parece un buen muchacho hurtado a su destino: uno que casualmente pasaba por allí, un mirón, una aficionado, un diletante. Pero no un líder. Ni un profesional, como puso de relieve en una comparecencia en que estaba arropado por todos los grupos, sin más que un oponente que bastó para dejarlo inservible e impedirle cumplir la agenda del día siguiente. De modo que hizo novillos a un importante compromiso contraído en Polonia y dejo plantadas a las autoridades del país y a la delegación española. Lo mismo que desapareció en plena campaña electoral cuando tuvo el infortunio de perder a su padre, un trance que hemos vivido muchos sin dejar de cumplir con los compromisos y el trabajo, por más que resulte duro. Tampoco ha asistido a otros dos encuentros internacionales recientes, por causas desconocidas, lo que hace sospechar alguna suerte de incapacidad o de carencia, aparte de su probada inseguridad paralizante, que en ocasiones le impulsa a tomar decisiones precipitadas para encubrirla.

No es fácil achacar esa huída a fatiga mental porque el señor Zapatero no realizó ningún esfuerzo intelectual en toda la comparecencia. Se limitó a leer dos informes que días antes le hicieron a medida para desautorizar los testimonios que le habían contrariado, y a enhebrar frases como aquellas que circulaban por Internet, procedentes de un ingenioso funcionario de Obras Públicas, según una plantilla titulada ''Como hablar dos horas sin decir nada'', que consistía en barajar aleatoria pero ordenadamente párrafos situadas en tres columnas hasta componer un discurso gramaticalmente bien construido pero absolutamente hueco.

Va a haber que sentarlo y preguntarle qué quiere ser.

Darío Vidal

17/12/04




 

       Liderazgo (17/12/2004 11:57)