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Publicado: 15/12/2004


 

SE JODIÓ EL TALANTE


Cuando se mira alrededor en este país tan complejo y tan querido (puede que sea una cursilería pero uno administra su ridículo como quiere) enorgullece el buen juicio de nuestro pueblo y la entereza del hombre de la calle tanto en el espanto de 11 de marzo como en el terror de la bomba en el Estadio Bernabeu. Aunque se cae el alma a los pies al ver con qué candor se deja manejar. Sin embargo no le gusta que le engañen como pensó que hacía Aznar, y por eso Zapatero perdió el lunes el sosiego en la Comisión del 11-M. La primera vez que al Presidente le han apretado las tuercas de veras se ha sentido en falso y ha comenzado a temer el mismo castigo. Así es que se jodió el talante.

El arrogante y antipatiquísimo Aznar que tantos errores cometió por culpa una arrogancia, una altanería y un desprecio imperdonables, no mintió pese a ello el día de la catástrofe. Por eso no se irritó durante la comparecencia y aguantó el fuego graneado de todos los grupos concertados contra él sin apenas inmutarse, en tanto que Zapatero perdía suelo a cada pregunta de Zaplana. Es muy difícil mantener la calma cuando no se da abasto a achicar el agua que entra en el bote.

No se qué pensarán hoy nuestros compatriotas de aquella intervención, después de la comparecencia de la presidenta de la Asociacion de Víctimas del 11-M Pilar Manjón ésta mañana en la misma sede, ni cómo juzgarán el intento de que la sesión no fuera pública como protendían los miembros de la Comisión. También ignoro si su comparecencia por fin pública y tan desgarradoramente sincera, patética y emotiva, les habrá helado la sangre como a mí. Pero tal vez su desapasionada intervención sea lo verdaderamente valioso de esta pretendida averiguación. Ha dicho dulcemente, sin rencor pero sin piedad, los fallos de unos y otros, y ha arremetido contra tirios y troyanos acusándoles de estar más atentos a los intereses de partido y a ''aparecer en las fotos'' que a resolver los problemas de los heridos y de las familias de los muertos.

El señor Zapatero que aplazó su viaje del martes a Polonia porque estaba derrengado, hoy se habría derrumbado. Es muy duro para un agnóstico, para un racionalista, para un hombre que no crée en los milagros, reconocer tanta casualidad milagrosa, tanto suceso inexplicable, tanta fortuita coincidencia, tanto enigma indescifrable y tanto azar, en los sucesos que rodearon el atentado de los trenes de Madrid. Es muy difícil cargar, sobre la ancha chepa de la chiripa, tantos eventos casuales. Y Zapatero sabe que no puede sustentarlos.

Se dice que cuando ignoramos la causalidad de los hechos, los atribuímos a casualidad. Desde el XIX dicen los científicos que la casualidad no existe y en este momento hay físicos trabajando en la ''Teoría del Caos'' para desentrañar las reglas ocultas del desorden, con objeto de probar que el azar no existe. O dicho de otro modo, que es muy casual que la furgoneta robada estuviera en la puerta de Trashorras; que los vehículos con explosivos etarras descubiertos hace dos años a la altura de Pina, se dirigieran al mismo lugar en que un año después se produjo el atentado de Atocha; que las camionetas de la Eta y de Al Qaida con explosivos salieran al mismo tiempo y se dirigieran al mismo lugar de Madrid el 11-M; que se dejasen estúpidamente olvidado el vehículo con detonadores y unas cintas grabadas en árabe como para llamar la atención; que la policía fuese a visitar al portero el día antes de declarar, y que no se considerasen relevantes las declaraciones perdidas en el cuartel. Demasiadas casualidades.

Darío Vidal

15/12/04

 

       Se jodió el talante (15/12/2004 23:29)