Hemeroteca:


Septiembre 2020
Dom Lun Mar Mie Jue Vie Sab
   
     

Publicado: 09/12/2004


 

''KAMIKAZES''


Los ''kamikazes'' motorizados que se lanzan por las autopistas corriendo en en contradirección son la metáfora de la sociedad opulenta pero desesperada y demente en que vivimos; una sociedad desbocada y sin destino orientada hacia el vacío. Se que algunos menospreciarán este juicio confundiéndolo con una homilía pesimista, agorera y catastrofista. Y no es una proclama pía solicitando conversión, sino una reflexión demandando cordura. Está sucediendo que la Humanidad ha elegido la dirección equivocada y que cada hallazgo que incorporamos a nuestro ''confort'', cada vez que ponemos una cosa, es a costa de quitar otra: que no sumamos sino que permutamos. Si ganamos comodidad, quitamos solidaridad; si adquirimos bienes, perdemos confianza; si vivimos mejor, nos sentimos peor. Naturalmente esta valoración hemos de realizarla en el terreno de las grandes magnitudes y no en la esfera de lo privado. Es evidente que cuando una familia adquiere un televisor nuevo y un sofá más espacioso experimenta un lógico regocijo, es humano. Pero a medida que las familias tienen un piso más cómodo, un sofa más muelle, un televisor con más resolución y un coche más confortable, crece la insatisfacción, el despego, el egoísmo y una inexplicable indignación. Es algo que constatamos sin saber explicárnoslo: cuanto mejor estamos, peor nos sentimos. Vamos en el camino equivocado.

Al volver el rostro, todo el mundo recuerda con nostalgia los tiempos de pocos juguetes y familias unidas. Me dirán que se trata de la tendencia a idealizar el pasado que hizo suponer a Jorge Manrique que ''cualquiera tiempo pasado fue mejor''. Una explícación que estábamos dispuestos a dar por buena, hasta que viajamos a zonas deprimidas y conocimos otra vida como aquella, y tuvimos el testimonio de otros que se adentraron en el submundo de la pobreza -no de la miseria, que es distinto- y descubrieron la generosidad y la alegría que habíamos olvidado.

No somos capaces de explicarnos ese raro fenómeno vivido como una contradicción, pero no comprenderlo no nos da derecho a ignorarlo como nuestra sociedad culta ha hecho con la inexplicada influencia de la luna en tantos hechos de la vida natural. No sabemos por qué, pero la sociedad opulenta es egoísta y esta triste. Pero no es fácil invertir la tendencia, porque despojarla de su riqueza empeoraría su situación. Ha cedido a una argucia del diablo.

Si descendemos a la trágica anécdota del ''kamikaze'', ese indefinible automovilista asesino que se ha llevado la vida de un matrimonio y ha dejado huérfanos a dos niños heridos en una autovía, nos topamos con la tozuda realidad que los responsables de Tránsito se obstinan en ignorar, tal vez porque su primer propósito no es preventivo y didáctico, sino sancionador y recaudatorio.

Los responsables de la circulación vial han confundido los objetivos porque hacen una lectura errónea de los síntomas. Me recuerdan el chiste del investigador loco y decadente que llegó a la conclusión de que las hormigas oían por las patas y que cuando las perdían se quedaban sordas, porque le obedecían cuando les ordenaba caminar si las tenían todas y cuando se las arrancaba no le hacían caso. El peligro no radica en la velocidad adecuada al vehículo, ni en los cinturones de seguridad, ni en las luces antiniebla. Esta en el cerebro de los conductores, en su inmadurez y en sus desajustes bioquímicos por obra de las drogas y el alcohol.

Darío Vidal

09/12/04

 

       Kamikazes (09/12/2004 17:21)