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Publicado: 06/12/2004


 

VIDA SABÁTICA


Un amigo mío tan inteligente como holgazán y tan ingenioso como cínico me decía a propósito de su pasividad ante cierto desafuero del que había sido objeto, que le habría supuesto mucho esfuerzo reaccionar para un beneficio económico muy modesto y había preferido dejar las cosas como estaban. Pero que de dejarse llevar por la ira, su reacción habría sido devastadora.

''Lo que no puedo explicarme es por qué no has hecho algo'' -le comenté. ''Pués, mira, es que hay temporadas en que no está uno para nada, y ésta existencia me la he tomado sabática. Pero cuando vuelva a reencarnarme os voy a asombrar a todos. ¡Y si no, ya me lo dirás!''.

Qué iba a decirle yo ante un argumento tan rotundo y tan contundente. En ocasiones hay que descansar porque todo se hace una montaña. Y en tales momentos nada parece posible. Como decía el torero, ''lo que no puede ser, no puede ser. ¡Y además es imposible!''. Pero uno tiene la aprensión de que muchos adolescentes se hallan en ese trance y han escogido una existencia sabática.

Al lado de tantos chicos que con su título bajo el brazo, o sin él todavía, se acercan a las empresas para ofrecer su trabajo por nada, lo que también se ha puesto difícil porque la Inspección de Trabajo no descansa -y cuando todo está reglado no hay espacio para soluciones imaginativas-, hay otros que en cuanto se postulan o proponen para un trabajo lo primero que preguntan al jefe de personal, perezosamente desperramados en el asiento que les ofrecen, es cuánto van a cobrar, qué vacaciones van a tener, y si tienen opción a elegir un horario flexible. Son los que reservan su esfuerzo para la próxima reencarnación, porque en la vida que viven actualmente no están para nada.

Recuerdo la irritación que un reencarnado de este jaéz provocó a un amigo mío, que no era por cierto el empresario sino un profesional que se había cansado de solicitar a la Compañía el apoyo de un colega para sacarse trabajo de encima. ''¿Pero tú a qué vienes aquí, a trabajar y hacer lo que te gusta o a encontrar un pretexto para cobrar y tener vacaciones?'' ''¡Coño es que tengo que cobrar!'' ''Lo que tienes que hacer antes que nada es trabajar, joder!''

Creo que la entrevista terminó ahí.

Me produce no poca inquietud observar que la única meta apetecible, al parecer, es el dinero y no la satisfacción del trabajo bien hecho, aunque no se renuncie por supuesto a que esté dignamente remunerado.

Alguien pensará que valorar la tarea por encima de la ganancia es una actitud periclitada. No lo creo. Basta con percatarse de a dónde nos ha conducido la idea luterana del lucro, vinculada a una cuestión tan asépticamente teologica, al parecer, como la de la Predestinación de la Almas, o de la salvación de los justos y la condenación de los réprobos. No es el momento de adentrarse en ese discurso, ni de encarecer la decisiva importancia del pensamiento en el comportamiento humano, aunque hayamos de lamentar su carencia en nuestros días y la orfandad en que por ello nos hallamos. Pero ha llegado el momento de replantearse la vigencia de unos valores que nos han llevado a la catástrofe global y la depresión personal, como hace el filósofo finés Pekka Himanen en ''La ética del hacker''. Es probable que su lectura nos pusiese ante los ojos el abismo a que nos ha llevado la moral protestante. Y nos ayudase a cambiar de rumbo sin tener que reencarnarnos. Un día lo haremos.

Darío Vidal

06/12/04

 

       Vida sabática (06/12/2004 14:40)