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Publicado: 21/12/2002


 

RECEN POR IRAQ



Desde el 11 de septiembre del año pasado, los atribulados estadounidenses se preguntan cual puede ser la causa del generalizado rechazo del mundo hacia su país.

Acaso el pueblo, candorosamente confundido por el maniqueísmo más cínico, tenga motivos para la perplejidad y acaso hoy se formule el mismo interrogante mientras los iraquíes se fortifican preparándose a morir. Pero no la Administración, que ha dejado de creer en el demonio.

Quienes llevan años soportando bombardeos intermitentes saben ya que no hay informe de los observadores internacionales, ni apelación de la ONU, ni evidencias de inocencia que apéen a la gran potencia de sus arbitrarios designios previos. Los Estados Unidos quieren adueñarse de su país y sus pozos de petroleo sin temor a la 'yihad' porque desconocen los devastadores efectos del rencor alentado por la memoria puntillosa de un musulmán.

A nosotros, sin embargo, no puede sorprendernos esta situación fatal y sin retorno porque mucho antes de los episodios de Hiroshima y Nagasaki que iban a permitirles averiguar, derrotado ya el ejército japonés, cómo se desintegran las casas, las piedras, los metales y las personas, vivimos una situación idéntica en Cuba.

Era España tan inocua y estaba tan inerme como la Isla de Granada cuando, ocho décadas después, fué audazmente invadida por una flota cuyas dotaciones triplicaban a la población.

Un día comenzaron a aparecer en los diarios noticias de las crueldades españolas con los cubanos, castrados, degollados, mutilados y torturados por los militares y, en otras ocasiones, los relatos de viajeras estadounidenses despojadas de sus vestidos y vejadas por los marineros coloniales en los propios buques norteamericanos. Fué creciendo así un odio visceral hacia España, atizado con fantásticas crónicas de la lucha, que obligaron a formular serias advertencias contra el proceder 'inhumano e incivil' de los españoles a los presidentes Cleveland y Mac Kinley.

Más cuando el gobierno de Su Majestad comenzaba a atisbar una salida al conflicto concediendo la autonomía a la Isla, después de negarse a vendérsela a los Estados Unidos, el crucero 'Maine' saltaba por los aires en el puerto de La Habana con parte de su tripulación a bordo. Un suceso urdido burdamente en la sombra, que ya justificaba la Declación de Guerra.

No sirvieron de nada las argumentaciones sobre lo absurdo de un sabotaje español, ni la mediación diplomática de los paises de Europa, ni la intervención de León XIII. La suerte estaba echada desde mucho tiempo atrás. Como sucede ahora con Iraq.

Darío Vidal

211202

 

       Recen por Iraq (21/12/2002 14:55)