Hemeroteca:


Septiembre 2020
Dom Lun Mar Mie Jue Vie Sab
   
     

Publicado: 16/09/2001


  EL POBRE PINOCHET


Cuentan que cuando el general Narváez iba a entregar el alma a Dios, su piadoso confesor le instó a que pusiese en orden su alma y perdonase a sus enemigos. "Eso es imposible, Padre, porque yo no tengo enemigos", musitó El Espadón de Loja. "Hijo mío, todo gobernante los tiene", argumentó el sacerdote. "Pero yo no, porque los hice fusilar a todos", respondió angélicamente el agonizante.

El pobre Pinochet, general también, adoptó asimismo la prudente precaución pero no pudo lograrlo porque, a su juicio, lo eran todos.

Por eso se queja, con harta razón, de que la insania y el rencor vengativo de los supervivientes no va a cejar hasta que lo hayan "hundido".

Si es así, tiene razón el pobre Pinochet. No hay derecho a que todo el mundo se concierte y confabule para "hundir" a un noble anciano, por empecinarse en no olvidar que cuando lucía bigote y cabellos negros, y ceño adusto, altivo y arrogante, algo antes de alcanzar "el arrabal de senectud", se dedicaba plácidamente a hundir cada madrugada en el Pacífico -a hundir sin comillas, sin metáforas ni ironía- a miles de opositores, esto es de enemigos, con los pies encadenados a losas de hormigón para dar de comer a los tiburones.Eso cuando no practicaba la caridad de despenar a los discrepante mediante un humanitario disparo en la sien, rápido, expeditivo y súbito, para que no sufriesen, como hacían los de la Caravana de la Muerte.

Ahora, abandonado a su suerte pese a la sensata precaución de nominarse senador vitalicio, los que no murieron, ajenos a toda gratitud, pretenden procesarlo. Qué desmedida venganza por un pecadillo de juventud; qué despiadado proceder inspirado por las más bajas pasiones; que inhumana condena la del cautelar encierro en la inabarcable finca de verano, bajo el alto cielo del mar austral sin dejar de ver el sol.

Pobre Pinochet.


Darío VIDAL

 

       Pinochet (16/09/2001 10:44)


Publicado: 14/09/2001


  APOCALYPSE NOW, LA LECCIÓN BALDÍA

APOCALYPSE NOW, LA LECCIÓN BALDÍA

"Tengo Manhattan a mis pies y veo allá abajo la cúpula del Empire State: es un espectáculo grandioso. Voy a llevarte un carrete entero de fotos". Era la voz de un hijo mío desde la terraza del World Trade Center, que solo unos días después se hundía por la acción terrorista concertada de dos aviones de pasajeros utilizados como arietes contra el poder financiero judío en los Estados Unidos. No he logrado emerger del escalofrío: ese espanto pudo haberse producido mientras mi hijo me hablaba.

Pero ha pasado el tiempo de las lágrimas. Ya no es hora de llorar sino de actuar con inteligencia, serenidad y cordura, aunque los afectados sigan agarrotados por el dolor. Pero mucho me temo que este ensayo atroz del Apocalipsis va a ser una lección baldía que no dejará ninguna enseñanza en el coloso de América. Las primeras palabras de un presidente en permanente huida fueron una apelación al odio, la violencia y la venganza, que justificaban una guerra sin cuartel del Bien contra el Mal. Una amenaza estremecedora inspirada en una concepción maniquéa capaz de justificarlo todo. ¡Ay de la Humanidad cuando "Dios está con nosotros"!

La espantosa acción terrorista contra las Torres Gemelas y el Pentágono ha sido un acto "revolucionario" en el estricto sentido del vocablo, que exige una reacción "revolucionaria". Es no solo torpe sino también grotesco el planteamiento de Bush y su equipo buscando pueblos culpables, porque el terrorismo no tiene rostro como debieron de haber aprendido en Vietnam; el terrorismo es un virus difícil de aislar del propio organismo. A nadie se le ocurriría combatir una hepatitis vírica con una pistola: resulta mucho más eficaz una buena dosis de sutileza intelectual y habilidad política.

En primer lugar, esta monstruosidad debe convocarnos a una "revolución" moral que nos restituya al ámbito de la ética, incluso por razones de egoísmo. Parece que esta sociedad opulenta y desquiciada va a tener que aprender a compartir con los más desfavorecidos; parece que habrá de acostumbrarse a no imponer sus intereses con las armas en la mayor impunidad; que la Justicia no puede ser nunca arbitraria; que lo más importante no es el dinero porque para su pasmo y su sorpresa no todas las cosas están en venta ni todos los hombres tienen precio gracias a Dios, y que descargar sobre la población civil inocente e inerme una lluvia de fuego, diente por diente, como hicieron un puñado de desalmados sobre las Twin Towers añadiendo la venganza a la iniquidad, no es sino añadir oprobio al oprobio y redoblar nuestra vergüenza de ser hombres.

Darío VIDAL

www.dariovidal.com

 

       Apocalypse Now (14/09/2001 18:21)