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Publicado: 25/03/2009


 

JUDICATURA FRANQUISTA


Con eso de la Justicia no salimos de sobresaltos. Apenas nos recuperamos de uno y ya estamos inhalando sales para no privarnos de nuevo. Y el nuevo Consejo General del Poder Judicial “El Desado” nos deja estupefactos pero no al modo que Salomón. El Colchón del Poder Judicial es un marro que garantiza la impunidad de los señores magistrados. “¡Usted no sabe con quien está hablando!” ¿Les suena de algo?

Los jueces se han instalado no en la moral de la ejemplaridad sino en la excepcionalidad del privilegio. Desde una estricta exigencia ética, debería corresponderle más castigo al que vulnerase la norma desde el rango más elevado, de modo que a un rústico torpe e iletrado se le juzgase con más benignidad que a una “persona con estudios y posibles”. No digamos ya si se trata de un juez, que comparte con Dios su condición sobenatural. Pero no es así. Al pobre diablo se le amedrenta con aquel principio abrumador de que “La ignorancia de la Ley no exime de su complimiento” con lo que se le instala en la mas constreñida autocensura y sin saber nunca qué hacer, con lo que es explicable que haga lo que le de la gana.

Pero ya ven, el Consejo General (Franco) del Poder Judicial se conmueve invariablemente ante los pecados de los del clan, que no van a ser como los otros. “Usted no sabe con quién está hablando”.

No se si se acuerdan de la Ilustrísima Señora Doña María Silvia López Mejía, jueza de Instrucción de Barcelona, quien al parecer iba pimplada como se comprobó luego y se negó a someterse a un control de alcoholemia a la altura de Sant Cugat del Vallés, después de pedir los números de todos los agentes manifestando que era juez, que venía de trabajar, que estaba cansada y que la dejaran en paz. La señora solicitó en tono amenazador que le leyeran sus derechos. que estaba deseando que los de Tráfico de Sabadell pasasen por su juzgado y que a partir de ahora no creería sus atestados y pondría trabas a los asuntos que entraran en su despacho.

Mas el Consejo General no ha apreciado en su comportamiento ni exceso de autoridad, ni amenazas, ni intimidación, ni abuso de su condición de jueza, ni falta grave de consideración a los policías. Nada. Asi es que la comisión disciplinaria del Organo de los jueces ha rebajado a falta lo que podría haber sido un delito y ha remitido el papelorio a sus colegas de Barcelona. Igual que los casos de ineficacia, negligencia, descuido, pigricia o algo peor que se vienen aireando cada día en la más completa impunidad. “¿Pero sabe usted con quien esta hablando? ¡Pues acabáramos!”

Darío Vidal

25/03/2009

 

       Judicatura franquista (25/03/2009 20:38)


Publicado: 18/03/2009


 

LA BURLA DEL GUADALQUIVIR


Ayer, “El monstruo de Amstetten” en la Bja Sajonia; hoy, el criminal precoz de Andalucía. Aquel, con el peso de varias existencias truncadas por la maldición del incesto; este, con el asesinato de su novia adolescente porque, al parecer, no quería seguir adelante con la relación.

El austriaco fue detenido porque quiso, sin quererlo, al apiadarse de uno de sus hijos secuestrados que se puso enfermo y consintió en que fuese al médico. Tal vez se hallaba hastiado de sus 74 años de disimulos y cautelas, y un atisbo de conciencia le impulsó sin saberlo a purgar sus culpas.

Sin embargo el confeso malhechor sevillano Miguel Carcaño, ahora inconfeso porque dijo ayer que él no mató a Marta del Castillo sino “El Cuco” de solo 15 años, ha ampliado el enredo declarando que tampoco arrojó con sus compinches el cadáver de la niña al Guadalquivir como había dicho sino a un contenedor de basuras. Parece que al pollo está comenzando a divertirle el juego y, mientras se hace famoso, intenta ganar tiempo, rebajar las penas, embrollar a la policía, confundir a los jueces y burlar a Sevilla entera, confusa por la atrocidad del suceso.

No se si alguien ha calculado los millones invertidos en la prolongada búsqueda a lo largo y ancho del río con brigadas de hombres, perros de la policía holandesa adiestrados en la búsqueda en el agua, y equipos de buceo, lanchas y dragas, pero se me antoja intolerable esta tomadura de pelo. Una tomadura de pelo que le sale gratis en pena y en dinero porque pagamos nosotros y está reduciendo la condena en el caso de que no se encuentren los restos de la muchacha. Mala es la actuación de jueces y policías si, en lugar de investigar honestamente, fabulan sucesos para imputar a gentes como “El Lute” o tantos anónimos paganos como arrastran sus cadenas en el corredor de la muerte, pero va a ser hora de calibrar seriamente con quién nos las habemos cuando tratamos con asesinos. Si malo es el rigor infundado sin apostar por el garantismo hasta sus últimas consecuencias, es malo también el “buenismo” gratuito y adánico que hace vulnerable a la sociedad y premia las hazañas de los malandrines hasta reducir a la indefensión a la gente de bien.

De este modo ha ido prosperando el tal Carcaño, licenciado en licencias, en fechorías no tan nimias finalmente, y alguna otra andanza que hacía prever empeños de mayor fuste. El caso es que todo el dispositivo de búsqueda se ha desplazado hasta el vertedero de Montemarta –qué sarcasmo-- en Alcalá de Guadaira y vuelta a empezar. Y de pronto parece surgir la sombra de un adulto que pudiera estar en la raíz de todo el asunto.

Lo cierto es que el juez, la policía y el paisanaje estamos haciendo el ridículo con este joven director de orquesta.

Darío Vidal

18/03/2009

 

       La burla del Guadalquivir (18/03/2009 20:29)


Publicado: 17/03/2009


 

EL ÍNCUBO DE AMSTETTEN


No sé si recuerdan a aquel tipo que andaba alardeando, con otro, de los lugares que había conocido. “Yo he estado en Laos tres veces”. “Pues yo por lo menos cuatro o cinco”. “Y en Tailandia, dos”. “Yo también”. “Y en Dubai, una vez”. “Pues yo....una, o ninguna”.

Me sugiere este chiste tonto, un suceso nada risible: el juicio que se iniciaba ayer en la Baja Sajonia contra un electricista de 74 años, Josef Fritzl el llamado “Monstruo de Amstetten”, por el incesto, violación reiterada con amenazas desde los once años de una de sus hijas, Elisabeth, ahora de 42, con la que engendró siete vástagos, uno de los cuales murió por falta de asistencia médica, por lo que es acusado también de esclavitud y secuestro en un sótano de cuarenta metros, bajo el jardín de su vivienda, de su hija violada y tres de sus hijos nietos. Una pesadilla: un tenebroso relato entre Sade y Lovecraft ideado por un criminal rijoso, incontinente, desalmado y carente de piedad, porque hasta un torturador profesional se hubiese condolido, cuando menos, de sus seres más cercanos.

Lo risible es que digan ahora que podrían condenarlo a diez años o a cadena perpetua. Eso es lo que me ha traido al recuerdo el chiste del que no sabe si ha estado en un lugar una vez o ninguna. ¿Cómo que diez o cien años? ¿Cómo puede quedar impune la muerte y cremación en el horno de un bebé, aunque la primera fuera por negligencia, y el niño no hubiese sido propio?

Pero la muerte de un bebé enfermo no es comparable, pese a su carga emotiva, con el miedo cotidiano, con el terror nocturno, con el asco, la desesperación, la impotencia, el sentimiento de suciedad y de culpa de una criatura asediada desde los once años por su padre y encerrada en un “zulo” a los dieciocho, como una bestia en la cuadra, como una cerda en la zahurda, como una máquina de fornicar, como una cosa, para satisfacer el apetito y los caprichos carnales de un pederasta lascivo –de los que no conoceremos el detalle por fortuna--, de un obsceno adulto incestuoso y adúltero, de un íncubo libidinoso y un sátiro butiondo y salaz. ¿Y el precio por todo? Diez añitos. Acaso algo más: pongamos que cien.

No hablaré de la vida porque nadie, ni los hombres ni el Estado, están por encima de ella. Pero sí diré que no hay existencia con que pagar la alegría marchita de una niña de once años, el encierro de una jovencita de dieciocho, y el encarcelamiento –encarcelamiento sin patio, sin salidas de fin de semana, sin contacto con los otros y sin esperanza-- de una mujer de cuarenta y dos. Toda una vida sacrificada al capricho de un príapo arrecho y brutal. Como la existencia lúgubre y quebrantada de sus nietos-hijos y la ignorancia inaudita de su esposa legal y sus vecinos.... Qué sórdido silencio.

Darío Vidal

17/03/2009

 

       El juicio de Amstetten (17/03/2009 22:55)


Publicado: 16/03/2009


 

OBSTINACIÓN


No se si alguna vez han sentido el deseo de subirse a lo más alto de la casa y tirar con todas sus fuerzas el ordenador a la calle. Yo sí. Y muchas veces no me comunico con ustedes porque no me deja.

Los que llegamos al mundo antes que este ingenio magnífico, omnisciente, sabio, arrollador, invasivo e insufrible por su soberbia vocación de infalible (“ha cometido un error inenmendable”,”no se encuentra”,“reinicie”, “entrada fallida”, “datos incompletos”, “datos erróneos”) imagino que sufrimos el mismo sentimiento de frustración.

Un amigo mío, mas obstinado que yo, está empeñado hace tiempo en hallar la lógica informática que inspira la secuencia causal de las “máquinas de pensar” , y me sorprendo utilizando los mismos argumentos que a mi me han dado: unas razones que me repugnan como estudiante de filosofía. “Déjate de raciocinios y haz las cosas como te dicen”. “¿Pero no es absurdo y arbitrario que el tipo de letra esté en un directorio distinto al del cuerpo de la letra?” Hace unos meses coincidí en cierto evento con un catedrático de la Universidad de Toulouse y en el abandono de la sobremesa, le confié mi perpetua pugna, mi enconada pendencia, con el ordenador, porque no hallaba un texto, un manual o un folleto que me enseñasen a proceder con cierto orden y a prever las consecuencias de una acción equivocada. “No existe –me dijo--, la informática es un críptico saber secreto que se difunde por transmisión oral y gracias a las probaturas de los más osados. Yo me valgo de un hijo mío”.

Experimenté un profundo alivio con esa confesión y también infinita gratitud. Según descubría, no era rematadamente tonto como había llegado a pensar, sino solo moderadamente incompetente, como los que han dejado atrás la juventud. Mucho más, por supuesto, que los niños de siete años en vías de alfabetización, que parece que nacen aprendidos como dicen en Andalucía. El saber instrumental es enemigo de la edad según parece.

Otro resentido por el esquivo trato que le dispensa la tecnología, comentaba que si los divulgadores del sistema hubiesen sido los metódicos alemanes o los franceses cartesianos --en fin una gente que no circulase por la izquierda-- habrían hallado un sistema fiable que no desembocase en constantes peticiones de principio o, lo que es más desesperante, en círculos infernales y laberintos sin más salida que apagar la máquina.

El progreso es siempre un proceso de simplificación. Conducir un vehículo es cada vez más sencillo con la dirección asistida y las marchas sincronizadas. No hablemos de la telefonía, ni de la perfección de las cámaras fotográficas. Los únicos que lo hacen cada vez más difícil son los diseñadores de “soft-ware”. Cada día nos ponen zancadillas. Lo malo es que nos obstinamos en saltarlas.

Darío Vidal

16/03/2009

 

       Obstinacion (16/03/2009 21:34)


Publicado: 11/03/2009


 

LA MODA DE COCINAR


Dicen los militantes de los partidos, que, cuando ganan, las sedes se pueblan de caras desconocidas. Lo mismo que cuando pierden las hallan en falta: muchos compañeros han desaparecido de la vista. El primer síntoma de verdadero peligro que percibe la gente de mar antes de que zozobre el navío, es que las ratas, guiadas por un instinto que en este caso les resultará fatal, se arrojan al agua previendo la catástrofe. No haremos comparaciones sesgadas pero cuando algo se pone de moda, como de unos años aquí la gastronomía, todo el mundo se apunta a ser de lo último.

Ahora que las materias primas han perdido calidad porque la industria química interviene no solo en los procesos finales de la cadena alimentaria sino que altera los piensos y ellos la leche que da el ganado y todos sus derivados, y los frutos pierden las características organolépticas definitorias porque los abonos nitrogenados y los otros, les han privado de aroma, igual que a las flores, y el pan no sabe a pan porque cuando el trigo no es transgénico está degradado y la harina incorpora conservantes. Ahora que hemos perdido el paraíso, pretendemos preservar la cocina del maltrato y el largo desdén de tantos años y, lo que es peor, han desaparecido del panorama aquellas honestas, humildes y sabias cocineras de toda la vida que defendieron la herencia del paladar sin apropiarse de los hallazgos, y se han puesto delante los varones haciendo reverencias como siempre que se trata de recoger el aplauso por algo,. Unos hombres que muchas veces no saben lo que llevan entre manos y, lo que es peor, no se han puesto a la tarea de aprender. Y esto es lo irritante: los impostores, los falsificadores, los peones del fraude y la trapala que se postulan para el reconocimiento y la fama sin ningún mérito.

El otro día oí por la radio la receta de un Gazpacho de Fresones que daba uno de esos maestros de la cocina que demostraba ignorar el lenguaje más elemental de los sabores. Juzguen ustedes: Batía en la turmix un kilo de fresones, otro de tomates, un pimiento rojo, un diente de ajo, un pepino francés de los que no tienen simientes, un yogur, aceite de oliva, vinagre de jerez, miel de azahar, “ketchup”, pimienta negra, pimentón rojo, y trozos de jamón serrano crujiente, Y proponía servir ese batido adornado con trozos de arenque nórdico ahumado y unos berberechos.

Se hizo un silencio en el estudio. Estaba claro que jamás había preparado tal cosa y que su paladar carecía por completo de imaginación y memoria de los gustos para resentarse el resultado. Pero los contertulios entendieron enseguida que jamás mezclarían yogur con ketchup, y miel de azahar con ajo y jamón frito, un matrimonio que no aconsejan ni la ley de afinidad ni la de contraste

Darío Vidal

11/03/2009

 

       La moda de cocinar (11/03/2009 10:30)


Publicado: 05/03/2009


 

LA DESVERGÜENZA DEL PUDOR

Tal vez hayan visto los desfiles de las nuevas colecciones de moda, con vestidos que desvisten y bodys de malla como la de las bolsas de naranjas pero más finas, sutiles y pretendidamente insinuantes. Pero son un fracaso, amigos míos. Son un fracaso porque hemos perdido la idea de pecado. La idea y la conciencia de pecado. Y con ellas, el atractivo de la tentación. No sé si es por eso o porque a ciertos “modistos” no les han interesado nunca las mujeres.

Hábiamos dicho muchas veces que con la educación láica despojaríamos a la sociedad del encorsetamiento y la represión a que nos habían abocado siglos de escolarización religiosa. Pero como el sexo es una cosa que reside en la cabeza, no han menguado ni mucho menos el acoso, las violaciones, las obsesiones y comportamientos tan innobles como la paidofilia (no me resigno a afear aún más esta inclinación monstruosa llamándola encima pedofilia) Ha sucedido que sin aquel estricto concepto de culpa, puesto que no creemos en nada y el infierno no existe, la vida ha perdido mucho atractivo.

Se ha dicho que en tiempos del piadoso General, que en paz descanse, aquello que ustedes saben no era pecado sino milagro. Pero no cabe duda de que era más emocionante. ¿Ustedes imaginan lo que debía ser que una dama se fuera despojando de capas, aunque no fuese vestida como en el Siglo de Oro sino como en el 98? Me refiero a los señores porque no entiendo lo que pueda experimenar una mujer ante un fulano con calzoncillos pulgueros o destrabándose aquellas ligas de los calcetines altos que parecían el atalaje de las bestias de tiro. Imagino que no resultaban nada eróticos. Una amiga de mi abuela me confío la penosa impresión que le produjo su marido la primera noche, con calzoncillos, ligas y zapatos. “¿Y este es el rey de la Creación?”-- dice que pensó.

Pero desde el punto de vista de los varones no hay cosa más incitante que la ocultación, nada que provoque más que lo secreto, ni señuelo que más estimule la curiosidad que acabar descubriendo lo vedado. Decía Jardiel Poncela que los hombres se acercan a las mujeres porque les atrae su misterio. Y concluía cínicamente el desvergozado: porque no saben que las mujeres tienen el mismo misterio que los pozos: que no hay nada dentro”. Me apresuro a manifestar solemnemente, por si tengo alguna lectora, que no creo que el espíritu de los varones posea más hondos contenidos, pero reconozcan que la cita era tentadora.

El caso es que la secuencia misterio-tentación-pecado-culpa posee un atractivo poderoso. Y si a ella se suma el añadido de la expiación como sucedía con Quevedo, Lope de Vega y otros libertinos piadosos, la atracción fatal de las mujeres alojadas en sus cerebros se convertía en “un dulce infierno”.

Quiero decir que una falda que se abre aunque no descubra nunca el muslo, un pareo a lo Marilyn, una camisa entreabierta o una blusa ceñida, son mas turbadores e inquietantes que el escote más audaz, el short más breve, el body de malla y no digamos que el top-less. Lo provocativo es afectar pudor. Una chica en bolas es solo una chica en bolas.



 

       desverguenza pudor (05/03/2009 10:24)


Publicado: 03/03/2009


 

EL AGRESOR CONTRITO


El jaque del “metro” de Barcelona, el acémila que acosó, toqueteó el pecho y coceó en la cara a la aterrada muchacha ecuatoriana arrinconada en su asiento del vagón, dijo el otro día en el juicio que se sigue contra él que está arrepentido de lo que hizo, pero no recuerda nada porque había bebido dos o tres cervezas y varios cubatas con unas cuantas pastillas. Mal hecho. Pero es peor todavía que la embriaguez sirva de coartada.

De todos modos los efectos de ese cóctel explosivo debieron durarle mucho, porque cuando días después le entrevistaron sobre el incidente, contestaba con muy mal talante e impertinencia que qué le contaban a él si se “le había ido la olla”, con muy escasas muestras de contricción. Y a la puerta misma de la sala se zafaba de las preguntas gritando que no se acordaba de nada y que si a ellos “no se les había ido nunca la olla”. Lo que sugiere que la ingesta de tóxicos y alcohol debería considerarse una agravante como sucede ya en el código de circulación. Aunque no fuese más que para que no sirviese de coartada a estas alimañas y a las que quemaron a la mendiga en la cabina telefónica de Barcelona y a los que convierten en teas los cajeros del País Vasco y a los que hacen carreras automovilísticas nocturnas en Vigo, en Granada y en Madrid, o juegan al rol dondequiera.

La Democracia de que se nos llena la boca como si fuese invención nuestra, demanda, junto a la máxima liberad, el máximo rigor contra los energúmenos, para que la ciudad no se convierta en nido de sabandijas como va camino de suceder por culpa de la impunidad. Todos estos pollos, estos vainas, estos chiquilicuatres, estos matasietes, estos tipos que no tienen media bofetada ni una idea en la cabeza, reprimidos ante los más fuertes, celosos, resentidos, envidiosos, rencorosos y cobardes, pero que quieren imponerse y hacerse temer de las mujeres, los ancianos y los niños, dicen ante el juez que lo sienten mucho y pelillos a la mar. Cosas de los abogados.

Todos contemplamos a ese majadero perpetrar su hazaña. Algo a lo que no se hubiese atrevido con una chica más corpulenta, más decidida o menos apocada, de las que no han de recurrir a tratamiento psiquiátrico como esta. Y ninguno le vió trastabillar, ni vacilar, ni tropezar con lo fácil que es eso con el vaivén de los trenes. Extraña embriaguez la de este maromo chulesco, matón y desgraciado, de cuyo arrepentimiento hablan sus gestos más que sus palabras por más que haga que se humilla.

No diré que lo reeduquen porque no se hasta que punto lo habrán hecho sus padres, pero conviene que la sociedad archive a este animal en el recinto de lo inservible, que le eduquen acaso por primera vez y que le den tiempo para meditar.

Darío Vidal

03/03/2009

 

       El agresor contrito (03/03/2009 23:39)


Publicado: 18/02/2009


 

PARÁBOLA DE AUSENCIO


Y el profeta dijo a sus seguidores: “¿Quién es mejor? ¿el que guarda sus bienes como se los dieron, o el que se esfuerza en hacerlos crecer para beneficiar a sus semejantes?” Y como viera que los concurrentes se miraban entre sí confusos, añadió: “Os lo diré de otro modo ¿Es mejor a vuestro juicio el que va todas las mañanas a contar el dinero del patrón o vive de la usura, o el que asume riesgos, fracasos y la ruina tal vez, para remunerar el trabajo honesto de los padres de familia?”

Días atrás les contaba la historia de un empresario imaginativo y en plena expansión, al que ocluyeron las líneas de crédito y que en una semana dejaron en suspensión de pagos, o concurso de acreedores como dicen ahora. Para alguien avezado a despenar semejantes, no es tarea difícil: consiste en oprimir la tráquea con los pulgares durante unos minutos hasta cortarles el aliento. Es lo que hacen las fieras en los documentales que tanto hieren nuestra sensibilidad civilizada, porque nos acercan al drama lacrimoso de los cachorritos que se quedan sin papás y sin sustento. Igual que los niños del vecino del tercero izquierda, al que acaban de desahuciar porque le niegan los créditos en su banco amigo y el cielo se le ha caído encima.

Quienes mejor lo hacen son estas entidades beneméritas, que serán las que más van a dificultar que este país salga a flote. Puedo decirlo yo, porque me hallo a salvo de sus asechanzas desde que una Caja de Ahorros reconocida y honorable, acabara conmigo después de pensar para ella, seguir sus consejos y solicitar un crédito que no pude devolver en parte porque la entidad no me pagó lo que debía, incluyéndome en el RAI y forzándome a licenciar a un equipo valioso y entusiasta. Un día que no tenga qué hacer, escribiré un libro con fechas, nombres, cantidades y apellidos.

Supongo que la crisis ha dejado muy atrás estas historias y entiendo a Ausencio C.G., el empresario leridano dedicado a restaurar edificios, quien, acuciado por los impagos de los morosos y desesperado por la súbita interrupción de las líneas de crédito por parte de los bancos, se tiró al monte no para hacerse rico sino para poder pagar las nóminas, saldar sus cuentas con los proveedores y poder seguir trabajando. No tenía antecedentes penales ni reputación dudosa, pero sí una familia, esposa e hijos estudiando, que al parecer desconocían su situación. Y seguramente esto le perdió. Si se hubiese propuesto enriquecerse con un par de golpes, tal vez lo habría logrado. Pero se conformaba sencillamente con equilibrar su economía para seguir adelante. Le perdió la falta de ambición, propia de una persona decente que aspira a seguir como hasta aquí. Obtuvo en los cuatro atracos perpetrados en Albatàrrec, Artesa y Alpicat en Lérida y Peñalba en Huesca entre el 5 de septiembre y el 23 de enero 80.000 €, un botín tan modesto como las armas que utilizaba: una navaja y una pistola de balines de juguete. Lo fácil habría sido dotarse de armas de verdad si hubiera querido instalarse fuera de la ley. Pero en Ascó (Tarragona) fue detenido por los “Mossos” antes de actuar.

No temería verme frente a Ausencio en ninguna situación, más de lo que ante los directores de banco que lo condenaron a muerte. A mi no me importaría suscribir acciones para su negocio, pero no me verán los brockers ni los sonrientes bancarios vestidos de Armani.

Darío Vidal

18/02/2009

 

       Parábola de Ausencio (18/02/2009 02:54)


Publicado: 15/02/2009


 

BESOS EN JUMILLA


No se que influencia puede tener la confluencia del plenilunio en la fiesta de San Valentín pero, a buen seguro, debe dotar de elementos singulares esta fecha.

Sabíamos ya, y creo que se lo conté en cierta ocasión, que la preñez de la luna favorece lo que ahora llamamos violencia de género, las riñas y pendencias entre congéneres, la incidencia de los infartos de miocardio y otros episodios vasculares, el nacimiento apresurado de bebés que se hallaban al caer y, lo que nunca podrían imaginarse, aumenta la venta de paraguas. No se rían, que es un dato avalado por la estadística.

Según la tradición, tampoco es aconsejable salir por la noche ya que estos días es pernicioso el relente y resulta más fácil sufrir el ataque de los hombres lobo, aunque ahora no es preciso guardarse de ellos solo por la noche ni durante la luna llena. En nuestra época, los hombres lobo atacan a plana luz, al socaire de las empresas eléctricas y telefónicas, ayuntamientos, diputaciones y otras benéficas compañías de servicios. Nunca tuvo tanta razón Hobbes cuando advirtió de que el hombre es un lobo para el hombre. Aunque en su tiempo los hombres lobo merodeaban encapuchados por los caminos al margen de la legalidad, lejos de la Santa Hermandad y a resguardo del garrote de los pastores, en tanto que ahora llevan guardaespaldas, elevan impunemente las tarifas, dan conferencias de prensa, y son temidos incluso por los gobiernos, si no están infiltrados en ellos. Pero volvamos el rostro como si eso no importara.

Mientras la luna llena comienza a gestar el novilunio en lo alto del cielo, en Teruel celebran el Día de los Amantes, los grandes almacenes se frotan las manos, y en Jumilla (Murcia, España) sus veinte mil habitantes --o por mejor decir, la mitad-- se abandonan a la lírica actividad hispánica del piropo, con premios y todo, tal vez con el propósito de devolver el requiebro a la vida de la que fue expulsado por la prisa, los patosos abominables y las feministas feas que lo calificaron de ataque machista, cuando yo habría pagado porque una dulce muchacha me hubiese dicho algo parecido a lo que le oí a un castizo en Madrid mirando asombrado a una chica aturdida: “¡Dios mío, pero qué revolución ha debido haber en el cielo para que los ángeles bajen a la tierra!” Y el ángel, justo es reconocerlo, no se ofendió en absoluto sino que respondió ruborosa que muchas gracias. Otra cosa es lo de “tía buena” que si no es una grosería se parece mucho a un rebuzno y es una completa estupidez. Porque ese homenaje sutil a la belleza debe surgir espontáneamente, halagar y no ofender, ser ingenioso y no repetirse jamás. Porque si se repite ya no resulta convincente. No sé si fue Gómez de la Serna quien definió estas expresiones como pequeños poemas. “Son –dijo-- un madrigal de urgencia”.

Otra actividad a la que se dedicaron ayer los jumillanos es al dulce retozo del besuqueo, que es el preludio prometedor de avances más audaces, con unión de cuerpos, exhalación de alientos, fricción de pechos, fruición de sentidos, efusión de mucosas, sobresalto de hormonas, secreción de humores, intercambio de virus y comunión de bacterias. Lo que ignoro es si el Ayuntamiento aporta los besados y besadas --besables y “basablas” para la filóloga Bibiana Aido-- o si hay que traérselos ya puestos de casa. Porque, en ese caso, los premios son escasamente estimulantes.

Darío Vidal

15/02/2009

 

       Besos en Jumilla (15/02/2009 00:13)


Publicado: 14/02/2009


 

LA MONTERÍA DE GARZÓN


Hace unos años escribí varios artículos fervorosos en mi columna de “ABC” sobre Baltasar Garzón y tardé mucho a cuestionar mi juicio. Achacaba la supuesta endeblez de muchas de sus instrucciones a la malquerencia de los imputados, a la envidia de los colegas y al sesgado juicio de los partidos políticos. Ser el paladín de la lucha contra ETA, estar en primera línea contra la lacra de la corrupción e implicarse con tanto ahínco en la batalla contra el narcotráfico, eran demasiadas cuerdas para un violín. El juez Garzón constituía un hermoso ejemplo de heroísmo cívico, de intrepidez gratuita y de generosa abnegación asumida desde la soledad. Y lo defendí muchas veces de los más avisados que yo, cuando expresaban su creciente decepción.

Mis primeras vacilaciones surgieron cuando aceptó ensuciarse las manos en política a cambio de un cargo que Felipe González no le otorgó, y sobre todo a raíz de su reacción resentida. Desde entonces fue creciendo mi desconfianza, y hubiese preferido un accidente de los que tanto temíamos y de los que yo le alertaba, en vez de asistir a su descrédito y nuestro desencanto. Aunque tal vez él no esté de acuerdo

Es muy difícil a estas alturas admirar a alguien y aceptarlo como modelo. Ese sentimiento quedó varado en la adolescencia. Pero toda la España de bien, eso es todo el mundo, quería creer en un hombre que encarnase la Justicia sin temer a los partidos ni arredrarse ante el dinero o el poder. Una ingenua aspiración juvenil, un sueño idealista que se aviene mal con el comercio terrenal y el fango de la política.

El caso es que aquel magistrado al que admirábamos se ha dedicado a procesar ciudadanos –y desprocesarlos-- al compás de sus corazonadas y su capricho, utilizando la Ley muchas veces como arma intimidatoria, arbitrara e impredecible. “La loi ce't moi”. Y, al compás de sus súbitos vaivenes, la gente ha llegado a la conclusión de que no es un servidor de los ciudadanos sino un manipulador de sus conductas, y lo que le importa es ser noticia siempre, erigiéndose en protagonista del bautizo, la boda o el entierro, porque está aquejado de lo que los psicólogos denominan “furor de candilejas”. En eso ha quedado su ajado crédito, arrollado por sus propias ocurrencias bautizadas en los periódicos y en la calle como “garzonadas”.

Estos días, mientras asistíamos a una pesquisa suya absolutamente necesaria sobre tejemanejes pecuniarios de miembros del Partido Popular de Valencia y Madrid, se ha deslizado desde lo particular a lo universal acusando veladamente al partido del presunto delito de los afiliados, decantando así la balanza a favor de la formación política rival en plena campaña electoral.

Mal está a mi juicio que un juez, sobre todo si es magistrado de la Audiencia Nacional, esté afiliado a un partido, pero es intolerable que además alardee de ello, aunque nunca se hubiese presentado en las listas de Felipe González, y se mofe de la equidad y la independencia que deberían inspirar el ejercicio de esa profesión, como ha hecho el juez Garzón con el ministro Bermejo y un jefe de la policía judicial en la montería de Navaltorno.

Con los retorcidos artificios jurídicos que condenan a la indefensión al partido de los imputados, el juez estrella puede incurrir en responsabilidades tan graves como las de los procesados.

Darío Vidal

14/02/2009

 

       La montería de Garzón (14/02/2009 17:45)


 

CIENCIA Y SUPERSTICIÓN


La piedad de los creyentes llama Dios a todo lo que todavía desconoce, del mismo modo que la arrogancia de los racionalistas tilda de superstición a cuanto no sabe explicar. La verdad debe estar, como siempre, en el término medio. Pero cuando se cumplen dos siglos de la brillante intuición de Charles Robert Darwin, evolucionistas y creacionistas siguen tirándose los trastos a la cabeza. Unos nos dicen que la herencia genética del hombre no coincide mas que en un 86 por ciento con la del chimpancé --¡solo faltaría!-- mientras que los otros suponen que un ser tan sublime y singular como el hombre --¡menudo animal!-- tiene que ser descendiente directo de Dios.

Un profesor de Bioquímica de cierta universidad barcelonesa me refirió una historia que ilustra ambas actitudes. Su madre nació “ciega” en un pequeño pueblo de Andalucía y recuperó la vista gracias a los consejos de una comadre. (La cosa, como ven, ya huele a brujería) Sucedió que la anciana, después de pasar varias veces por la casa y lamentar que a una criatura tan bonita le aguardase un destino tan adverso, le dijo a la abuela que, si juraba guardarle el secreto, podía darle el remedio para que recuperase la vista. Aceptado el compromiso, pusieron ambas manos a la obra y durante “una novena” fueron a un cañaveral en la alta madrugada a cortar cañas jóvenes para estar de regreso antes de que amaneciese. Metían en un caldero los trozos de caña –no recuerdo la cantidad-- y los cocían mientras rezaban creo recordar que tres credos. Con el agua de la cocción, se aplicaban ambas a bañar repetidamente los ojos de la niña en el silencio del amanecer hasta que se enfriaba. Entonces tiraban el agua y las cañas, y al día siguiente repetían la expedición con idéntico sigilo. Así durante nueve días. Y, poco a poco, el bebé comenzó a seguir con la mirada la llamita del candil.

Ahora que aquella niña tiene nietos, sigue repitiendo que gracias a una comadre de su pueblo ha podido ver. Pero nunca reveló su nombre. Y los hijos, todos talludos, instruidos y universitarios, acallaban la historia hasta ahora, tal vez vencidos por el pudor de su origen rural. Pero poco antes de que el menor de ellos me confiase esta historia, fue testigo de un hecho que puso en cuestión la antinomia ciencia-superstición. Asistió a un congreso de médicos, químicos y biólogos en el que uno de sus ponentes expuso un hallazgo estupefaciente. Se trataba de un antibiótico con múltiples aplicaciones en Oftalmología y muy eficaz contra las infecciones oculares neonatales.

Se trataba de una sustancia localizada en la telilla blanca existente en el interior de los entrenudos de las cañas jóvenes, que se activa únicamente por la noche para evitar que la humedad las dañe, pero que se neutraliza en las horas de luz. Ahí radicaba lo de regresar a casa y hervirlo todo antes del amanecer porque lo de la novena y los credos eran puros controles de tiempo. En cuanto al juramento y el sigilo eran hijos del miedo: podemos imaginar lo que significaba en el medio rural, aún a comienzos del siglo XX, que una mujer -o dos- abandonasen el pueblo cuando ya todo el mundo dormía, para volver con un hato, ver salir humo de su chimenea y oír luego el llanto de un niño.

Unos hablarían de milagro y otros de brujería, pero nadie se hubiera parado a pensar en quien transmitió su conocimiento a la generosa anciana y quien dio con él hace mil años.

Darío Vidal

13/'02/2009

 

       Ciencia y superstición (14/02/2009 01:38)


Publicado: 11/02/2009


 

EL DINERO DE LOS BANCOS


Resulta dramático el espectáculo de un indeciso que nunca ha tomado contacto con la realidad, haciendo ver que adopta decisiones ante un auditorio más curtido que él, más avezado y más audaz. Como dirían los arrendatarios de lenguaje neopaleológico, es patético.

Repasando las imágenes de los banqueros repantigados y tranquilos en los asientos y Zapatero sentado inseguro en el borde de la silla como un chico en un examen, no es preciso oír las razones chulescas y provocadoras de Botín para conocer dónde está quién y percibir el papel desairado y torpe del ingenuo cervatillo que, no solo no aprende con el tiempo, sino que se ha expuesto con inconsciente imprudencia al previsible amurco de un resabiado jefe de manada.

Ni un amago implicación con la sociedad, ni un atisbo de empatía con los que producen el dinero que ellos atesoran, ni una brizna de piedad con quienes tanto les daban a ganar --”los bancos no son oenegés”--, ni una sombra de esperanza. Habrá que engendrar un modelo de industria que no precise a la banca aunque desde nuestra perspectiva parezca hoy tan utópico como hace poco una sociedad sin petróleo.

Lo que nos hace falta es imaginación, fantasía, iniciativa y audacia, que es como las empresas crean riqueza poniendo de manifiesto la actitud negativa y parasitaria de la banca. Y no estoy haciendo una apología de la imprudencia financiera sino una apelación a la creatividad reflexiva. Los banqueros deberían poner a concurso del desarrollo del país no el dinero sino su inteligencia, en vez de dormitar en la rutina y moverse sólo al husmo del beneficio gratuito, con espíritu mezquino de logreros chupatintas. Se de una empresa española que ha puesto en producción un componente de alta tecnología que en solo unos meses había logrado imponerse de media Europa. Los clientes respondían, los pedidos aumentaban, el mercado se ensanchaba, y en el primer año había facturado cerca de cuarenta millones de euros. Hace solo unos días el banco les ha cerrado la línea de crédito. Y esta semana ha presentado la suspensión de pagos. Nadie lo cree. Pero ZP en su disparatado optimismo solipsista diría, si lo supiese, que es un bulo urdido por el antipatriotismo de los tibios.

El Príncipe Felipe decía en Gerona, mientras esto sucedía, que debíamos preservar las familias y las “pymes” para estar en condiciones de emerger al llegar la pleamar, y el ministro Sebastián culpaba a los banqueros de la crisis inicialmente inventada, como Obama ayer. Y Zapatero, que lo había insinuado días atrás envalentonado por la firmeza del presidente de los Estados Unidos, se hallaba genuflexo en vista de que Wall Street ha castigado estos argumentos con una bajada general de la Bolsa de NY, preguntándose qué hacer con creciente desconcierto, porque un tiempo quiso ser Felipe y ahora preferiría encarnarse en Obama. Pero ya ha visto que, con estos juncos, hoy por hoy mandan los del dinero. Tal vez convendría facultar al Banco de España para que conceda créditos en lugar de subvencionar a los que se ríen del presidente y de nosotros, no haciéndolo, como Botín.

Carlos Herrera cuenta que un día se preguntaba Manuel Alcántara qué clase de concepto debe tener Dios de los ricos para que les confíe a ellos el dinero. Una turbadora pregunta paralizante.

Darío Vidal

11/02/2009

 

       El dinero de los bancos (11/02/2009 22:09)


Publicado: 10/02/2009


 

JUECES EN REBELDÍA


La portavoz del Consejo General del Poder Judicial, Gabriela Bravo, ha desautorizado a las asociaciones de jueces que pretenden ir a la huelga “porque el ejercicio de ese posible derecho carece, en el momento actual, de soporte normativo (...) y la convocatoria de la huelga no tiene efectos jurídicos, lo que significa que el 18 de febrero los jueces de este país tienen que estar en sus puestos de trabajo”. La Asociación Francisco de Vitoria y el Foro Judicial Independiente se han manifestado en abierta rebeldía, pero esta iniciativa sería un contradiós aunque tuviesen razón. Y puede que la tengan.

El Estado no puede rebelarse contra el Estado. Eso sería tan monstruoso como que los congresistas se declarasen en huelga de brazos caídos o el Gobierno decidiese iniciar una huelga de celo. El poder judicial, como el legislativo y el ejecutivo constituyen la trinidad del Estado democrático de Derecho. El Ejército no tiene la misma relevancia y sabemos la opinión de nos merecen las asonadas, tan frecuentes en otro tiempo.

Pero además esa iniciativa desnortada acredita -o desacredita- a sus inspiradores al proletarizar la manera de protesta optando por los recursos de presión de los trabajadores del metal, es un decir. Los obreros anónimos de las acererías, de la construcción o de los transportes, no tienen otro modo de hacerse oír que amenazar con paralizar la actividad económica y ser visibles en las calles. Sin embargo, los jueces no son trabajadores sin recursos ni poder, sin identidad ni relieve. Los jueces, que meten en vereda a los gobernantes y a los gobernados y entienden de lo divino y de lo humano con una impunidad quasi-divina en este país, no pueden apelar a los métodos de los colectivos sin voz. Convocando la huelga, son ellos los que rebajan su condición. ¿Cómo pueden apelar a la coerción corporativa unos ciudadanos cuya veneranda ocupación consiste en ponderar, argumentar, aplicar e interpretar las Leyes y en utilizar la razón y la sutileza dialéctica para juzgar con equidad? ¿No tienen otro modo de comunicar su inquietud y sus carencias a la sociedad? Pocos recursos intelectuales parecen atesorar sus señorías.

Un estamento tan respetado como el de los médicos, depositarios del saber y los recursos mágicos de la curación, comenzaron a perder su prestigio secular con las huelgas reiteradas que los rebajaron a meros “trabajadores de la salud” como otras se denominaron “trabajadoras del sexo”. La respetabilidad tiene sus servidumbres. Antes, el médico pasaba varias veces por el domicilio del paciente para seguir su evolución y saltaba del lecho cuantas veces le llamaban, cargando sobre sí toda la responsabilidad del fracaso. Ahora los médicos no ejercen aquel, tal vez, trasnochado sacerdocio que les impelía, como a Don Miguel Leal o a Don José Arcas, a llamar a casa del doliente desde el cine o la tertulia para preguntar cómo seguía. Ahora los médicos a tiempo parcial nos advierten de llamar a urgencias si el enfermo empeora por la noche o de que avisemos al de guardia si es domingo. A cambio de esa inhibición que ha roto la confidencialidad, el secreto y el misterio, muchos sanitarios son perseguidos a gorrazos por el hospital y han tenido que ponerles guardas en las salas. Y ahora les protegen por decreto, con el rango de “Autoridad”, como a los pobres profesores que Dios ampare.

Temo que los jueces hayan iniciado el mismo camino.

Darío Vidal

10/02/2009

 

       Jueces en rebeldía (10/02/2009 20:37)


Publicado: 26/01/2009


 

ARREGLOS COMO INFORTUNIOS


Alguien me dijo no sé cuando que una mudanza equivale a un pequeño incendio. La he sufrido varias veces y tiene razón. ¿Pero qué me dicen de pintar el piso? Pintar el piso supone varias veces el trasiego de una mudanza, habitación por habitación. Y entonces la huella de las cosas se borra de le memoria porque no recordamos el lugar en que las dejamos por última vez.

Cuando la pleamar de los pintores abandona nuestra playa, nadie sabe dónde está nada. Y entonces comienza una fase apasionante: la afanosa búsqueda de los objetos huidos, mientras aparecen otros extraviados antes para desvanecerse de nuevo. Faltan cosas en algunos sitios y se amontonan en otros, pero el caso es que no sabemos donde está lo que queremos. Tal vez un día, cuando estemos en otra parte, alguien encuentre aquel folleto minúsculo sobre la fabla bajomedieval en el Valle de Hecho, la delgada carpeta con apuntes para un libro y cierta foto evocadora del primer viaje a Praga que otra vez busqué sin éxito: efectos sin importancia alguna; cosas sin precio que no tenían valor más que para nosotros pero que ya no volvimos a encontrar en la vida; fragmentos del existir que quedaron sepultados en espesos estratos de papel lejos de su contexto, porque los pintores y las corrientes de aire, sumados a tantos dasplazamientos y tan febril ajetreo, barajaron las fotos, los papeles, la correspondencia, los artículos y los recuerdos.

La inundación y el fuego, sin embargo, tienen la componente fatal de lo irreversible que puede constituir, más allá del temor y la angustia del instante, un inapelable argumento para la resignación, en tanto que el extravío de un documento cuya desaparición física no puede certificarse es una fuente inagotable de desazón y angustia. No cabe alimentar ninguna esperanza hacia un cadáver o una tesis doctoral calcinada por el fuego, pero un papel perdido es como un desaparecido en combate, algo que puede aflorar inesperada y acaso inoportunamente al cabo del tiempo. Tenemos ejemplos en la Contienda y en “los niños de la guerra” que viajaron hacia Rusia desde la República Española, algunos de los cuales, fallecidos los suyos con los años, no han querido ya regresar.

La desaparición de nuestros pequeños bienes objetuales seguramente no es culpa de nadie: ni nos los han “distraído” los pintores ni los hemos arrojado a la basura nosotros. Se trata en ocasiones del misterioso metabolismo de Gea, que atomiza la materia convirtiendo en polvo los palacios, los grifos de las fuentes y los carros de combate. En este caso se trata de que los pequeños objetos, los libros, lo papeles y los “souvenirs” tienen su punto de orgullo, su voluntad, su dignidad y, sobre todo, alas. Tienen alas.

Los bienes de mayor entidad son cosa distinta y no conozco a nadie que haya perdido un edificio, una agencia de publicidad, un caballo de carreras o una capilla románica; pero las cosas pequeñas son tremendamente puntillosas y vengativas. Y son, sobre todo, las que más nos acompañan y deleitan. A mi me gustan sobremanera una pipa Ropp de brezo que ya no puedo fumar, un sombrero hongo que me regalaron mis hijos y no me conviene ponerme y una capa española que no oso mostrar para que no me digan loco. Y son estas cosas precisamente las que temo perder estos días. No el coche.

Darío Vidal

27/01/2009

 

       Arreglos como infortunios (26/01/2009 23:43)


Publicado: 25/01/2009


 

¿QUEDA ALGUIEN?


Al asomarse a la cubierta atemporalada de la ciudad barrida por el viento, se siente el impulso de gritar si queda alguien, movido por el humano impulso de hacer algo, de echar una mano, de ayudar a quien pueda estar necesitándolo, viendo los árboles desgreñados echando un pulso denodado con el duro temporal de Poniente, catalogado por los meteorólogos como una “ciclogénesis explosiva” como la que mandó a pique a la Armada Invencible.

Y ante la desolación del paisaje agitado y desierto, encendemos la radio para averiguar si sobrevive alguien, con la convicción de que lo que realmente importa es el fuego, la centella, el turbión y el huracán. Y que el resto son trampantojos de la realidad inventados por los hombres para transitar por la vida angustiados en cada momento, distrayéndose del instante final.

He oído toda la noche legiones de diablos contendiendo en la terraza mientras intentaban penetrar en el dormitorio arañando las persianas que bajé a los primeros embates, lanzándose unos a otros las macetas y las sillas de jardín que intenté rescatar sin éxito cuando un zarpazo me arrojó contra la barandilla y puso en desorden toda la estancia, lo que hizo que me aplicase un saber aprendido en Ecuador y me acogiese al refugio del hogar. Dicen allí: “Mejor es que digan aquí huyó que aquí murió' ”.

Pero al comienzo no había manera de conciliar nuevamente el sueño temiendo los destrozos y recordando a los pescadores gallegos y cántabros por fortuna en puerto, a los conductores de camiones y a los agentes de la policía y la Guardia Civil de servicio y acaso en peligro, hasta que, notando preocupada a mi perrita que miraba fijamente sin separarse de mí por temor a perderme desde que quise actuar de bombero, me apliqué otro saber de las sensatas muchachas del Pacífico: “Si teme ser violada, intente huir pero no oponga resistencia que puede ser peor; si juzga inevitable el trance, sencillamente relájese y disfrute”. No llegué a tanto, porque me dormí.

En otro tiempo hubiese estado temiendo por la suerte de un velero que ya vendí, y a estas horas habría llamado a amigos y conocidos para que me diesen cuenta de los desperfectos si no me podía escapar. Años atrás sufriría la misma aprensión por los tejados de mi casa rural. Hoy no me incumbe más que el techo que me cobija y poco más. Con el paso de los días, se descubre que la prédica de los sabios sobre la austeridad es cierta, aunque no nos decidamos nunca a despojarnos del equipaje.

¿Queda alguien? Avísenme si me necesitan. Pero en caso contrario déjenme gozar del ulular del viento o el silbo de la brisa, y consientan que escuche con sosiego el crepitar del fuego en el hogar, “ni envidioso ni envidiado” como deseaba fray Luis de León. Ya vendrán días en que hayamos de saltar del sueño a la vigilia con la conciencia del peligro.


Cuando escribía esta broma para ustedes creyendo que la alerta era un poco desmedida y gratuita, ha saltado la noticia de esos niños muertos y heridos por el viento bajo el techo de un polideportivo de Sant Boi. Elevo por ellos mi plegaria contrita, pues, como decíamos más arriba, los argumentos de la Naturaleza son los únicos verdaderos, justificables e inapelables, incluso para dispersar en el océano la flota de la Ocean Race.

Darío Vidal

24/01/2009

 

       Queda alguien (25/01/2009 23:32)


Publicado: 23/01/2009


 

COMO DIOS


“De Dios abajo, ninguno”, decían nuestros clásicos para ponderar una preeminencia, un privilegio o un honor. Y en ese abajo incluían la entonces sacrosanta figura del Rey, representante de la divinidad ante su país e investido de cetro y corona por la gracia de Dios. Hasta nuestros mismos días, cuando se pretende encarecer una interdicción, se apela a la irreverencia para advertir sacrílegamente que algo no puede o debe hacerlo ni Dios.

Algo está cambiando sin embargo, porque Dios no se atreve como algunos jueces a reinterpretar el Derecho Natural.

No me refiero al matrimonio hetero u homosexual porque esa no es cosa de Dios sino de los hombres, pero si antes los magistrados no respondían de sus actos mas que ante el Todopoderoso, el agnosticismo emergente los ha liberado de la sumisión al Altísimo. De todos modos me compadezco sinceramente del rango que se han otorgado, porque les ha abocado a una responsabilidad cenital y a la desoladora soledad de los elegidos. Me pregunto a quién pedirán consejo en sus tribulaciones hallándose tan por encima del común de los mortales; los justiciables se interrogan sobre cómo sacan iempo para realizar su trabajo en solo media jornada; los contribuyentes se pasman de una labor tan pulcra, minuciosa y diligente, y todos inquieren confundidos cuál pueda ser el alguacilador que los alguacila porque “el mejor escribano echa un borrón”.

En una sociedad jerarquizada de esas en las que “cada miembro tiende a ascender hasta alcanzar su nivel de incompetencia” como sentenció Laurence J. Peter, todas las instancias remiten a otra superior salvo la Magistratura. De los poderes que sustentan el Estado, el Ejecutivo depende del Legislativo y el Legislativo de los electores, de modo que ambos saben a quién deben rendir cuentas; pero el poder Judicial es el eslabón perdido, el cabo suelto, autónomo –y autista en según que casos--, que flota en un limbo de “irresponsabilidad” impune, capaz de hacer sucumbir a la Democracia. A los jueces y su trabajo no los controla ni el Rey ni Roque.

Los magistrados son los únicos mortales tan pagados de su redonda plenitud y tan conscientes de que nadie les supera en calidad, que se ven impelidos a recurrir al criterio de la cantidad. Y así solo es mejor y más certero que un juez, dos jueces, o tres, o cuatro. Y si estos declaran que el juez ha cometido una falta e incluso un delito punible, es posible desbaratar sus argumentos solo si un grupo mas numeroso de jueces así lo decide. Porque tienen un concepto sacramental de su cometido y una idea eclesial y vaticana del corporativismo gremial.

Una vez se cruzaron en mi camino estos funcionarios infalibles y me trataron como a un delincuente; dictaron una orden de busca y captura como si fuera Billy El Niño porque algún inútil subalterno no me encontró en mi domicilio de siempre –tan habitual que me hallaron cuando les plugo-- y encima tuve que perder horas preciosas de mi vida para demostrar que no era culpable y tampoco había huido de la Justicia. Ahora va para dos años, aguardo la resolución de un Abintestato limpio, sin terceros ni opositores. Si se lo hubiera confiado a Dios me quedaría el recurso de la oración. Pero los magistrados no atienden las preces: son sólo como Dios.

Darío Vidal

23/01/2009

 

       Como Dios (23/01/2009 01:20)


Publicado: 21/01/2009


 

EL DELIRIO OBAMA


El discurso de jura de su cargo pronunciado por Barak Obama resultó un fenómeno sociológico propio de un concertista de rock, pero aún más entusiasta y en un ámbito más vasto y extenso que cientos de estadios juntos. El pueblo de los Estados Unidos –el Pueblo-- se desbordó con la ilusión de haber encontrado un guía, un verdadero dirigente, casi un apóstol en quien depositar su esperanza. Porque la gente de todas las latitudes necesita un ejemplo, un modelo y un referente en quien mirarse y confiar. La existencia colectiva no es sino trasunto de la vida que un día estrenamos en el seno de un hogar sin temor a que nada pudiera dañarnos. El presidente electo consiguió que los ciudadanos recuperasen la conciencia de equipo, de empresa y de familia, con apelaciones al deber y no a los derechos, en la gráfica línea de John F. Kennedy cuando dijo que no hay que pensar en lo que la patria puede hacer por nosotros, sino en lo que nosotros podemos hacer por ella.

Esa es la clave. Pese a que, aquí y ahora, hayamos sustituido la generosa idea de compromiso sustentada en la ética del deber, por el impulso egoísta de procurarnos el bienestar sin esfuerzo. En ese sentido, el certero, reflexivo y patriótico discurso de Obama constituyó una apelación a la regeneración moral. Una urgencia que también nos afecta a los europeos. Pero como hace tiempo que abjuramos del patriotismo avergonzados por los años de patriotera asfixia nacionalista, nos avergüenza proclamar la españolidad de nuestros sentimientos por fascistas, lo que constituye una mutilación porque la masa de la población dormida está deseosa de que un “príncipe” como Obama le despierte para convocarla a un proyecto sugestivo de vida en común, que es como definía Ortega y Gasset a la Patria.

Aunque parezca mentira, recorriendo el dial de la radio estas noches, se apreciaba la horfandad de los españoles que se identificaban con el mensaje de Obama cuando reclamaba la regeneración moral, la incomodidad de los logros obtenidos con esfuerzo, la reimplantación de los valores y la exaltación del sacrificio. Cuando los mejores reivindican el sudor para el estudio, el progreso y el liderazgo, no lo hacen para entorpecer el camino de los demás sino porque es la única vía de progreso conocida para los hombres y para los pueblos. Había oyentes de aquí a los que les temblaba la voz de pura emoción, al hablar del nuevo presidente de los EEUU, al que hacían suyo como tantos miles de estadounidenses que vimos con los ojos arrasados en el Capitolio.

Es muy probable que el ser humano no sea tan bueno como idealizamos ni tan ruin como ahora creemos. Tal vez no sea más que un ser reactivo y mimético obligado a defenderse, “ni bueno ni malo, sino todo lo contrario”, como lo calificaba cierta irónica definición, lo que da la razón al cronista del Cantar del Cid cuando dijo aquello de “¡Dios, qué buen vassallo si oviera buen Señor”. Y qué puede esperarse del vasallo en éste páramo de dirigentes.

Nada debe sorprendernos el entusiasmo que suscitaron los primeros gestos de Obama, la asistencia a sus diez simultáneas cenas de homenaje y el delirio que desencadenaron los diecisiete minutos de discurso, porque la gente tiene necesidad allá y aquí, de ponerse en manos de un hombre que parece veraz, honesto, reflexivo y creible.

Darío Vidal

21/01/2009


 

       El delirio Obama (21/01/2009 20:22)


Publicado: 19/01/2009


 

NIÑA CON MUÑECA MUERTA


Una niña de seis, de siete años, me mira con desolación desde la realidad lejana de una foto, desde un mundo despiadado que parece fingido, allá donde se acaba el Mediterráneo. Lleva en los brazos a su muñeca muerta, cubierta de “sangre” y amortajada con el blanco sudario de hilo con que los palestinos envuelven a sus muertos descubriéndoles apenas el rostro. Y la niña la vela con los ojos agrandados por el miedo.

Los niños que no se han entontecido ante las adormecedoras pantallas todavía, juegan ensayando la vida que ven a los mayores. Y este cachorrito humano, este tierno proyecto de muchacha, ve seguramente todos los días varias veces, el triste cortejo fúnebre de algunos de los vecinos de su barrio entre gritos, chillidos, lamentos, oraciones y denuestos. Eso si ella misma no ha asistido al duelo de una persona a la que quería, rota por la metralla israelita. Lo que no se sabe es qué preferir puesto que el destino la ha puesto en tan atroz escenario, si inclinarse por desear que no se entere la pobrecita, o celebrar que el terror de la guerra le rompa las costuras del alma y su propia naturaleza haya hallado recursos para liberar su angustia con el “psicodrama” espontáneo del entierro de su juguete.

La niña –Miriam Fatma, Aisha, Namiya-- exhibe la mirada triste del duelo repetido, la pena de la muerte que acaso le ha negado ya la prometida juventud cercana. Una pubertad nada prometedora porque los hombres no desean sino venganza. Y alguien puede venderle incluso la idea de su inmolación como una ofrenda a Dios capaz de dar sentido a su existencia, para vestirla de muerte y explosivos. Y de metralla que acuchillará su carne y tronzará su cintura como la muñeca tiznada de barro y “sangre” que ahora lleva no se sabe adónde, exponiéndola como una ofrenda tiránica a Moloch, a Saturno o a Satán.

Quién sabe si la impiedad con los indefensos no armará contra los judíos la implacable mano de Yahvé

Darío Vidal

19/01/2009

 

       Niña con muñeca muerta (19/01/2009 18:59)


Publicado: 16/01/2009


 

LA BURLA DE LAS PALABRAS


Hubo un día en que las palabras tuvieron sentido y significaron lo que pretendían; luego el sentido de muchas se corrompió porque la gente iletrada las utilizaba con otro sentido. Así es por ejemplo cómo una voz determinada ha pasado a significar otra cosa o incluso la contraria, con el tiempo. Ahora el significado de las palabras se deteriora no por el uso inapropiado y el desaliño de los iletrados, sino por la utilización dolosa, mendaz y bastarda que de ellas hacen políticos y personas del mayor rango y credibilidad, con objeto de confundir.

Ayer mismo, después de un bochornoso escándalo en ciertos comicios del Real Madrid, en que varios desconocidos emitieron sus votos a título de compromisarios, su presidente Ramón Calderón se negó a reconocer ninguna responsabilidad y después de cesar a sus dos hombres más fieles –lo cual es todo un indicio-- justificó que no abandonaba su cargo porque sólo dimitían los cobardes o quienes tenían algo que ocultar.

Apenas han pasado veinticuatro horas y las ondas nos traen la noticia de que Ramón Calderón ha dimitido. Y cabe interrogarse por las causas de ese súbito cambio de actitud, y preguntarle a él si en tan pocas horas ha mudado su bravura en cobardía o ha descubierto que tenía mucho que ocultar. Que puede que sí, porque su elección desencadenó una enconada polémica parecida a la que provocó George Busch jr., al que Dios conserve en su bodega sin permitir que salga por los siglos de los siglos.

Otros momentos de encono ha motivado entre los socios el sonriente, ojizarco y angélico ex-presidente del Real Madrid, pero hay cosas que la gente perdona raramente a las personas en que se mira. Y una de ellas es la mentira. Porque ademas la mentira, que es el primer fruto de la cobardía que repudia el señor Calderón, arrastra una cohorte de otras mentiras, embustes y falsedades que hacen difícil desbrozar la verdad y aboca a la deslealtad y la vileza. Cuando el mentiroso no se deja coger por el cojo, termina trastabillando antes o después hasta dar con sus huesos en el suelo, así es que, para este viaje, habría sido más noble, digno y elegante, irse sin vender a los que hasta ahora le habían servido con lealtad secundando sus órdenes. Tal vez ahora, sin una cosa ni otra, descubrirá que no hay empeño que justifique haber traicionado a los amigos y a los fieles.

Lo malo es que esos ejemplos calan en la gente.

Darío Vidal

16/01/2009

 

       La burla de las palabras (16/01/2009 21:42)


Publicado: 13/01/2009


 

PUNTOS NEGROS


Una noche de enero viajaba yo con dos de mis hijos para atender una de esas urgencias que tienen los chicos a los quince años y al llegar a una curva en la que la aguja no se molestaba ni en marcar la velocidad, el coche comenzó a desplazarse muy lentamente apuntando a un pequeño precipicio. Me dio incluso tiempo de decir que nos íbamos a caer y que verificasen la tensión de los cinturones. A aquella velocidad no actuaba el volante y nos deslizamos torpemente hacia la cuneta donde comenzamos a dar perezosos tumbos por el terraplén.

Cuando llegamos al puesto de la Guardia Civil, nos acogieron con la comprensión de quien conoce la historia. “Qué ¿ha sido otra vez en la curva del 322? Yo no sé por qué cojones no la suprimen de una puta vez, hombre, que ya vale”. Supe entonces que el dicho punto negro se cobraba un muerto casi cada mes aparte de los heridos y los vehículos accidentados. “Si no se han hecho nada, alabado sea Dios”. Pero el coche... “Al coche que le den po'l saco. Coches hay muchos pero usted no tiene repuesto para sus hijos”,-- me tranquilizaban.

Mis hijos no llegaron a su cita del día siguiente, yo perdí un coche caro y bonito que no había cumplido aún los seis meses, y al cabo de un tiempo tuvimos un juicio pese a que no hubo “terceros” y no nos habíamos roto el esqueleto.

Como oí en la sentencia que el atestado atribuía la salida de la calzada a exceso de velocidad, en las alegaciones dije que no compartía el dictámen de la benemérita y que yo atribuía el accidente a que la curva tenía un radio de giro mas corto a la salida que a la entrada y a que, además, estaba peraltada al revés, causas que explicaban la frecuencia de accidentes en aquel punto.

De nada sirvió mi testimonio, como todos supondrán, pero he aquí que la Dirección General de Tráfico --que debía ser de Tránsito-- ha descubierto que una forma de mitigar el paro galopante pudiera ser reconocer sus culpas. Y así acaba de declarar que en España hay 760 puntos negros --que son sin duda muchos mas-- y que Fomento se va a poner a la tarea de enderezar curvas y rellenar baches. No se sabe si con la cooperación de la “gafe” triste y malcarada de la Malena Álvarez, capaz de hacer brotar montículos de los baches, que no se que es peor, o contando con un nuevo gestor, que no será, porque el Visorrey de Al Aldalus quiere pagarle en Madrid su probada amistad

Ni Obras Públicas/Fomento, ni Interiór/Gobernación/Guardia Civil rectificarán sus sanciones, ni reconocerán que las infraestructuras han de ser impecables antes de ponerse a multar, ni por supuesto resucitara a los muertos o indemnizará a los familiares de los fallecidos, que eso no es cuestión de taumaturgia sino de buena voluntad de la Administración.

Está bien que se actúe contra los irresponsables, los borrachos y sobre todo los drogadictos colgados. Pero antes el Gobierno debería haber actuado en la red de carreteras de modo que ningún accidente fuera imputable a negligencia por su parte.

Darío Vidal

133/01/2009

 

       Puntos negros (13/01/2009 23:52)


Publicado: 10/01/2009


 

DOS MIL AÑOS ESTÉRILES


El conflicto judeo-israelí es una mecha que encendieron los ingleses en 1917 y estalló en mayo de 1948 cuando proclamaron el Estado de Israel para encubrir la desastrosa descolonización de Palestina.

La Declaración Balfour por la que la Gran Bretaña reconocía en las postrimerías de la Gran Guerra el derecho de los sionistas a establecer un Estado judío en Palestina para congraciarse con las comunidades judías de Europa, iba a empezar a pagarse muy cara después de tres décadas de esfuerzos para echar a los británicos de Tierra Santa y empujar luego hacia el mar a los musulmanes que vivían en el territorio desde tiempo inmemorial.

Entre yihads e intifadas los dos pueblos semitas han trenzado una red de agravios, rencores, venganzas, odio y deudas de sangre, que cada vez los aleja más del comportamiento humano. Sobrecoge acercarse al abismo de crueldad en que se han precipitado, y desazona e inquieta que esa lucha de hermanos se desencadene en torno del mismo Dios --el Único, el Misericordioso--, ante la mirada indiferente de los cristianos, también hermanos y tributarios de la Biblia.

Claro que Dios es solo una coartada. Tal vez la más repugnante de la pugna entre los hombres.

Esas tierras humanamente absurdas, entreveradas de desiertos estériles, tristes pedregales abismales, y culpas irredentas como sus amargas aguas interiores, constituyen la irónica Tierra Prometida para dos pueblos que han perdido la razón a fuerza de perder razones. Uno y otro han utilizado las minorías fanáticas para sus propósitos más inconfesables. Pero mientras los judíos han aportado al mundo la vanguardia del saber y la ciencia, junto a sus pintorescos ultraortodoxos negadores de la maleabilidad de la vida que renueva nuestras células cada mil días, contradiciendo al perspicaz Heráclito, con el propósito de momificar el fluir gozoso del río para hacer eterno lo mudable, parece que el lastre del Islam ha sido siempre la tensión hacia el inmovilismo, la cerrazón mental y la persecución del pensamiento hasta su aniquilación, si se exceptúan algunos periodos como el de los Omeyas, sabios libadores de culturas preislámicas.

Tal vez sea eso lo que ha impedido a estos ponerse al paso de los tiempos. La Hégira que acaba de completar hace solo unos días sus 1424 años (como la era mosáica los 5768 y la cristiana 2008) parece revelar la distancia que media entre unos y otros tiempos.

En el 1424 de la Era Cristiana, que es la edad que acaba de cumplir la Hégira, año arriba año abajo, una campesina francesa llamada Juana de Arco levantó con una pequeña tropa el asedio inglés del campamento de Carlos VII en Orleans y lo hizo ungir rey de Francia en Reims; Aragón y Navarra luchaban contra Álvaro de Luna; Alfonso V sometía a los rebeldes sardos y era proclamado Virrey de Nápoles; el emperador bizantino Manuel II Paleólogo abdicaba en su hijo Juan despechado por las vacilaciones de los europeos para ayudarle contra la presión de los “osmánidas”, y los “hussitas” contra los que el Papa Martín V había predicado una Cruzada porque propugnaban la pobreza evangélica de los eclesiásticos, derrotaban a los ejércitos imperiales alemanes mandados por Juan Ziska.

Si observamos desapasionadamente, podemos identificar en el siglo XV europeo idénticas banderías, la misma “clerigocracia”, parecidas intromisiones de la religión en el ámbito de la política, e igual inclinación al anatema aunque las “fatwas” pontificias recibieran otros nombres como el piadoso de Cruzada, sin redimirse de un precio oneroso de sufrimiento y de sangre. Vean y juzguen lo que todavía le queda por andar al Islam a estas alturas. Si bien no quede mucho margen para la esperanza porque tiene siempre vuelta la faz hacia el pasado. Basta con repasar la propia Historia.

Tarik pasó el estrecho en 711 con poco más de un millar de hombres; un año después Musa ibn Nusayr cruzó con cosa de diez mil sin hallar resistencia en la declinante sociedad gótica. Los musulmanes gobernaron sin arrogancia y con prudencia de modo que la sociedad receptora y la advenida aprendieron a convivir como vecinos. Pero esa mutua tolerancia y el enriquecimiento de sus correligionarios al otro lado del mar parecieron sospechosos a los integristas fanatizados del Sahara, que apodándose significativamente”Los consagrados a Alláh” (“Almorávides”) lanzaron una nueva oleada a las órdenes del faquí Abdalláh ben Yassim bajo la autoridad del sultán Yusuf ben Taxfin.

Apenas setenta años después, ya en el siglo XII, las tribus más fanáticas, incultas y salvajes del Atlas ventearon algún tufo de tolerancia, molicie e impiedad en los pioneros y “Los unitarios” (“Almohades”) acudieron para restituirles al redil con Mohamed ben Tumart, hasta que el 16 de julio de 1212 fueron derrotados por los cristianos en las Navas de Tolosa.

Pero años después, la dulzura de Al Ándalus, el refinamiento y la cultura arábigo-cristiana andalusí había abierto camino al entendimiento, lo que movió a los “Benimerines” a invadir nuevamente la Península entrado el siglo XIII para castigar el “revisionismo desviacionista” de los moros de España y poner las cosas en su sitio, esto es de espaldas al futuro. Tuvo que acudir en su auxilio el rey cristiano Jaime I de Aragón, quien los venció en las campañas de Levante de 1224 y 1238 para preservar al propio islamismo ilustrado de los integristas “yihadistas” montaraces.

El miedo a la intemperie de los hijos del desierto, revestido de vocación de inmanencia, frustró muy probablemente un asentamiento mas fructífero en España.

Con todo, lo peor es que la mayoría de los mahometanos siguen alimentando sus temores y negándose a la inteligencia. Tampoco hacen alarde de la sutileza que les caracteriza, cuando menos en las fabulaciones y los libros. Pero lo grave para ellos es que siguen combatiendo con piedras a los tanques despiadados del ejército más moderno de la Tierra. Y lo malo para todos es que ni judíos ni musulmanes han aprendido nada en tantos años.

Darío Vidal

10/01/2009

 

       Dos mil años estériles (10/01/2009 16:59)


Publicado: 05/01/2009


 

LA SENDA DE LA GUERRA


Nostradamus aparte; aparte vaticinios y augurios nefastos, todo parece indicar que nos deslizamos otra vez al despeñadero y que Israel va a salirse con su propósito de desencadenar una guerra generalizada como ha pretendido en varias ocasiones, para distraer de una operación bélica que le permita reunir en un estado todas las naciones del Libro. Cuando una comunidad tiene la soberbia de postularse como el Pueblo Elegido por la divinidad, siempre sus grandes e históricos fines justifican plenamente los medios que se elijan para alcanzarlos.

Los hebreos, que pocas veces se han distinguido por la solidaridad ni las acciones valerosas, como ha demostrado la mansedumbre con que han aceptado todos los “pogrom”, desean edificar el imperio que nunca tuvieron cuando era necesario empeñar la voluntad colectiva para acometer hazañas desmedidas de suerte dudosa.

Fiando en la actual “globalización” en que siempre han sido pioneros, y tomando impulso en el poderoso “lobby” judío que actúa como una quinta columna que está erosionando los Estados Unidos, los sionistas han creído llegado el momento estelar para favorecer el advenimiento del mesías y liderar el mundo. Y aunque no es seguro que estos proyectos se avengan con los designios de Dios, es probable que la inhumana crueldad de la agresión al Islam –mientras siguen produciendo películas en que se plañen de la vesania antisemita de los “nazis”--, la inducida crisis del petróleo, las veleidades pueblerinas y alicortas de los países musulmanes, y la codicia desalmada de una sociedad que se cisca en todas las normas éticas, arrastren al Planeta a una catástrofe bélica con epicentro en el Mediterráneo, en que contenderán armas atómicas de judíos, moros y cristianos. Una guerra que tal vez dure pocos días, los justos para que entiendan unos y otros que ya nadie puede obtener la victoria porque comienzan a percibir los primeros efectos de la fisión nuclear en su organismo.

Pero si eso sucede, deseo, en nombre de los que sucumbamos en el primer momento o estemos iniciando en cualquier lugar cubierto o a la intemperie una larga agonía, que los instigadores de esa carnicería como Ehud Olmert y el infartado Ariel Sharon, con los siete millones y pico de israelíes que están imponiendo sus intereses, sus complejos, sus caprichos y sus odios a cientos de millones de personas, se mueran en el fondo de sus refugios nucleares sin atreverse a salir a la luz para que no se les sublime la armazón.

Y pediré también al cielo que Daniel Baremboim y sus músicos israelíes y palestinos para la Paz, --como los grupos nacidos para la fraternidad en aquella tierra de Caín--, conserven la vida en la remota esquina de la Tierra en que ese día estén dando su concierto para que sean testigos de la maldad de los lisiados del alma y constituyan el fermento de una sociedad nueva, capaz de entender sin prejuicios que Jahvé, Alláh y Dios son tres maneras de nombrar al mismo Ente supremo del que habla el Libro, utilizado por unos y otros para sembrar la muerte estos días de Navidad en la franja de Gaza. Un Ser que es Absoluto pero tan huidizo e irónico como los puntos cardinales, y del que nadie puede predicar la existencia, ni siquiera San Anselmo que llevado de una fe candorosa alimentada por un arrollador optimismo metafísico, se hacía trampa cimentando la necesidad en el deseo.

Darío Vidal

05/01/2009

 

       La senda de la Guerra (05/01/2009 04:30)


Publicado: 30/12/2008


 

LA AMBULANCIA DE MISLATA


Para ejercer una tarea, por humilde que sea, hay que estar dotado de un elemental repertorio de inclinaciones y cualidades. Un albañil habrá de tener una mínima idea de la proporción pero sobre todo no ha de padecer de vértigo; un bombero habrá de ser prudente, pero antes aún ha de ser fornido y arrojado; y un marino no debe tener miedo al mar pero sobre todo no debe ceder al mareo aunque ya sabemos que hay bomberos un punto enclenques y marinos que padecen mal de mar. Sin embargo, todas esas y otras limitaciones se subsanan con una pizca de esa inclinación indefinible que llamamos afición, o, si nos ponemos solemnes, vocación. Lo intolerable es añadir al no poder el no querer.

Pero la actividades en las que es intolerable la negligencia, la inhibición y la desgana, son las relacionadas con la sanidad. Si los que ejercen esas tareas no tienen inclinación al sacrificio, no se conmueven por el sufrimiento ajeno ni se movilizan para mitigar el dolor de los demás, deben dejar su actividad en manos más dignas y caritativas. Porque la conmiseración, la lástima y el humano compadecimiento van más allá de la actividad sanitaria y no son exigibles sólo a los profesionales sino a cualquier humano por el hecho de serlo, a tal punto que excusarse de asistir a un semejante, constituye un delito de denegación de auxilio.

Mas para los miserables nunca es Navidad. Hoy 30 de diciembre de 2008 nos hacen saber que en la localidad levantina de Mislata (40.000 habitantes, seguramente en su mayoría excelentes) los servidores de una ambulancia han devuelto a su domicilio después de varios días de internamiento dejándolo en el rellano , a un anciano descalzo, desnudo y tapado con un pañal suelto y un jersey. Dicen que, como no había nadie en casa, han tocado a los timbres de los vecinos y sin esperar a que saliesen, se han marchado dejando en el suelo su “mercancía”. Por fortuna han abierto una puerta y han arrastrado al enfermo casi desconocido hacia adentro.

Me ha recordado la noche en que los de una ambulancia se negaron a bajar en el ascensor de un octavo piso –porque no tenían obligación ni se lo pagaban-- a una persona muy querida, en estado de shock, semiinconsciente y tan grave que al poco murió, a la que tuve que arrastrar en una silla hasta la calle helada, porfiando para que no se desplomara, mientras que los fulanos que tenían que auxiliarme hablaban animadamente, ajenos a un problema que no les incumbía. Se trataba de mi madre y no he olvidado nunca sus rostros simiescos. Pero en esos casos nadie está para protestar, reclamar y porfiar, porque empeña todo su esfuerzo en salvar esa vida preciosa.

Tal vez las consecuencias del abandono de Mislata no fueron tan graves y las culpas se diluyan entre el personal del hospital que no vistió y acondicionó con decoro y dignidad al pobre náufrago que facturaron desnudo a su casa sin saber como y con quien vivía, y los “ambulancieros” que debían ser un chofer de reparto y su compadre. Pero ello no exime a nadie de tratar con el mayor respeto a una persona que el destino ha puesto en sus manos, sobre todo si no puede valerse por si misma y es anciana.

Pero el tiempo se cobra las deudas. Así es que próspera crisis, feliz año nuevo y buen expediente de regulación de empleo, colegas.

Darío Vidal

30/12/2008






 

       La ambulancia de Mislata (30/12/2008 19:16)


Publicado: 14/12/2008


 

PEGAR A UN NIÑO


Creo que era San Agustín quien dijo: “Ama y haz lo que quieras”. No lo voy a aplicar para justificar nuestro comportamiento con los pequeños. Pues no todo lo que dicen los santos va a misa aunque sean obispos, así es que también tuvo muchos contradictores. Y yo mismo dudo, muy modesta y humildemente pero con toda firmeza, de otra cosa que aseguró como que “la voz del pueblo es la voz de Dios”. Esta máxima está muy bien para los discursos del candidato vencedor el día de las elecciones, pero todos sabemos que el Eterno es un poco duro de oído para las cosas del bajo mundo. Y si no que les pregunten a los alemanes que dieron la victoria a Hitler, a los venezolanos que alzaron a Hugo Chávez y a los sufridos estadounidenses que elevaron a George Busch a la presidencia de su país por dos veces, consolidándolo en una injusta guerra de aniquilación. No puedo recordar ahora un verso desalentador, concebido para socavar el temple de los devotos, que terminaba afirmando que Dios está de parte de los justos sólo si son mayoría. Ya sé: pertenecía a una crónica bufa de la Reconquista y decía: “...cargamos contra los otros / y nos molieron a palos / que Dios está con los buenos ...... / cuando son más que los malos”.

No crean que me tomo a broma la violencia infantil, que eso sí que es desamparo. Pero hay que ser lo suficientemente sensato para no confundir lo que es una circunstancial regañina adobada con un soplamocos, y la acción cruel de un adulto contra un menor. No pretendo justificar las bofetadas porque no las he dado nunca salvo una excepción en que no tuve razón y aún me escuecen. Por supuesto más que a mis hijos, que aún se ríen de mi.

En este caso vale lo del amor agustiniano. El niño, que tiene un sentido estricto de la justicia, sabe si al mayor le duele el castigo, sea el que sea, y si lo aplica con pesar o con ira, esto es si lo administra para corregirle o para vengarse. Y el chico no se equivoca nunca. En esto he de darle la razón al Padre de la Iglesia aunque me contradiga.

Lo que no se puede meter en el mismo saco es el bofetón de la jienense María Saliente, madre del chico de diez años “hipercinético”, difícil, rebelde, díscolo y desobediente, que no da un palo al agua, trae malas notas y ella teme perderlo para la sociedad y un oficio decoroso, y las palizas continuas, el terror y las vejaciones padecidas por Alba, la niñita de cinco años de Montcada i Reixac a la que sacaban su madre Ana María y su amigo Francisco Javier desnuda a la intemperie del balcón y le hacían comer los propios vómitos. Alba, que había sido atendida en el mismo hospital varias veces, ingresó en marzo de 2006 en estado de coma, cubierta de hematomas, con el cabello arrancado a mechones y fracturas que exigieron una prótesis craneal. Ahora continua aún sin movimiento en el brazo izquierdo, impedida e incapaz de comunicarse verbalmente, con secuelas de tipo motor y cognitivo de imposible evaluación hasta dentro de un año. El último episodio. Pero de los anteriores no alertaron sorprendentemente ni sanitarios ni jueces.

Una cosa es el cachete ocasional a un muchacho conflictivo como José David que se sabe querido, y otra la vida de pesadilla, torturas y terror de Alba, sumida en la mas absoluta soledad porque se siente indefensa entre enemigos que debieran quererla. Ahí quiero los jueces.

Darío Vidal

13/12/2008

 

       Pegar a un niño (14/12/2008 01:25)


Publicado: 11/12/2008


 

LOS CEREBROS DE “ERC”


Imagino que un amante –y una “amanta” como dice la eximia Bibí Aído y Olé-- puede ser excitante, divertida, provocadora, infiel, caprichosa, cruel, dejada, insensible y hasta aburrida. Lo que no puede jamas es ser grotesca porque la pasión más ardiente no resiste el ridículo. La admiración erótica en que se sustenta la atracción sexual se disuelve irremediablemente en contacto con la cursilería.

Lo mismo podría decirse de los políticos. Tal vez arrolladores, amados, admirados, idealizados y venerados hasta ser exaltados a mitos, o negados, rechazados, temidos y odiados hasta desearles la malaventura y sumirlos en la abyección. Pero un político suele ser querido o denostado desde la adjetivación más solemne.

Al que nadie tolera como líder, conductor o delegado, aunque suela asirse hasta a las borlas de los cortinajes, es a un mindango o un mindundi, como Hugo Chávez, por un decir. O a un lote de mequetrefes como los de Esquerra Republicana de Catalunya, dicho con todas las letras. Me refiero, para que nadie se llame a engaño, a Josep Lluís Carod Rovira de tan limpia trayectoria parlamentaria y republicano tan freudiano que le gustan las coronas aunque sean de abrojos como la de Cristo; al pigre de Joan Puig, bucanero barrigón, asaltante de piscinas y allanador de moradas a bragas mojadas, portando precavidamente el carnet del Congreso entre los dientes para protegerse como hacían con la “gumia” los berberiscos; y a Joan Tardá que acaba de alentar a su tripulación para que dé muerte al Borbón, y, sumido en la tribulación por el general rechazo, se retracta escudándose en que muerte no quería decir muerte, ni Borbón, Borbón. Cabe imaginar lo leve que sería su pisada y lo lacia que llevaría la melena cuando la soldada no le daba para hacerse la permanente, en vida del glorioso General.

Cuando se adopta una postura de modo reflexivo y maduro, aunque no sea desde un cargo público, hay que aceptar con dignidad sus consecuencias y asumir con gallardía la reacción que puedan provocar. Y si se carece de entereza para mantener lo sustentado por temor, hay que aprender que quien no es rey de sus silencios termina siendo esclavo de sus indiscreciones. Pero no se les puede demandar temple, sindéresis, coherencia y recato, a un botarate, a un chiquilicuatre y a un chisgarabís. Qué tres patas para un banco.

Tienen tan poco asumido el rango que la Constitución les ha conferido y tan interiorizada su marginalidad social, su chabacanería hortera, su zafiedad intelectual y su indignante ordinariez –nada que ver con la dignidad de su ideología--, que todo lo que se les ocurre para cambiar el régimen es matar al rey. Igual que los visigodos.

Si esta es la “intelligenzia” con que cuenta Cataluña para edificar sobre sus desiertos cerebros la república independiente, sugiero a los catalanes que escapen antes de que les impidan la huida cerrando la frontera.

Darío Vidal

11/12/2008

 

       Los cerebros de "ERC" (11/12/2008 23:20)


Publicado: 05/12/2008


 

Y EL VIVO, AL BOLLO


La partida de tute con que los de la cuadrilla de Ignacio Uría celebrarón su muerte es algo que hiela la sangre, no solo por la aparente frialdad de su amistad sino por lo que esa expresada indiferencia denota. Tengo la absoluta certeza de que si el industrial hubiese muerto en el hospital con un cáncer, o súbitamente aplastado en la carretera con su VW “Touareg”, lo habrían arropado, se habrían turnado en su cabecera y no lo habrían dejado solo ni a sol ni a sombra.

Los primeros que se han mostrado perplejos ante la foto de los amigos de Uría dando las cartas impertérritos, mientras un mirón le sustituía en el tapete para iniciar el juego cuando permanecía todavía en el suelo desangrándose, han sido unos amigos donostiarras residentes aquí, que no aciertan a explicarse nada. Yo tampoco y he pasado algunas horas obsesionado por ese comportamiento. Porque no es preciso ser muy solidario ni demasiado impresionable para no dejarse conmover por la muerte de un conocido, un compañero de sobremesa, un contertulio o un amigo. Estoy dando en pensar que los compañeros de partida han reprimido cobardemente sus sentimientos porque esta muerte está teñida por el estigma de la culpa: “algo habrá hecho cuando la Eta lo ha condenado”. Una justificación que produce escalofríos pero que aún funciona en el Norte y se sobrepone al conocimiento íntimo que los amigos tengan de una persona: si la organización lo mata es porque sabrá algo mas que nosotros.

Un vizcaíno conocido mío me decía hace años que las mujeres son tan raras que él no opina de política ni con la suya. “Ni con la gente de la peña de toda la vida”,-- añadió un tercero que, por supuesto, no descubrió tampoco su juego. Después hemos conocido la historia –lamento no recordar los nombres-- de aquel que mató a la persona que cuando niño le había sacado de entre las ruedas de un camión, y hemos sabido de hijos que han actuado como espías en casa pasando información de sus padres a la banda. Aunque esto, como es lógico, suele silenciarse. Tampoco descubre nadie qué sería de Euskadi independizada. Nadie se atreve aunque no es preciso ser experto en prospectiva para avanzar un pronóstico. Eta acabaría con sus vástagos, terminaría luego con el PNV a cuyos miembros califican como “corderos”, y la lucha por el poder en sus filas diezmaría de militantes las distintas sensibilidades e instauraría el imperio de la arbitrariedad. Pero esta es otra cosa; es sólo la parábola de un imposible. Otros ya han aprendido que no es posible hacer un hogar para todos, una sociedad justa y una comunidad fraterna tomando como base el acecho, la delación, el odio, la persecución y el terror.

Los contertulios de “Inasio” tal vez lloren su muerte y deploren su suerte y su ausencia, en la intimidad más recóndita, para sus adentros, y sin dar parte a sus mujeres y menos a sus hijos, pero probablemente no se atrevieron a mostrar su dolor ni a expresar su repulsa hacia los asesinos del hombre que se desangraba en la calle, sin que ninguno de ellos le prestase la mano para que se asiese mientras agonizaba, por puro miedo.

La peor herencia del terrorismo es que desalma.

Darío Vidal

04/12/2008

 

       Y el vivo, al bollo (05/12/2008 19:55)


Publicado: 02/12/2008


 

ELS ALTRES I NOSALTRES”


La cosa no es de ahora. En la última época del reinado de Jordi Pujol se propuso ya que los que residiesen en Cataluña habrían de cambiarse el apellido para no mancillar la pureza del idioma catalán. Pero alguien paró la iniciativa en medio de la rechufla general. Un funcionario con higiénico sentido del ridículo debió abortar el despropósito. Pero el tripartito actual es otra cosa y se inspira en la política de “maricón el último” si se trata de reivindicar la catalanidad de una iniciativa.

Hace unos años, cuando leíamos a Karl Popper que el nacionalismo es una manera de totalitarismo pensábamos que era una expansión comprensible en un hombre que había perdido dieciseis familiares, entre ellos sus padres, en los hornos crematorios de los nazis. Hoy vemos con nitidez deslumbrante que estaba en lo cierto y nos duelen tantos catalanes, que con serlo no son radicales, y que están sometidos al miedo “catalonazi” inspirado desde el poder. Cataluña esta viviendo el proceso de los alemanes bienpensantes y los ciudadanos de orden que “dejaron hacer” a los hitlerianos hasta que no fueron ya capaces de defender sus derechos. Es lo de los versos atribuidos a Brecht (“la policía ha venido a buscar a un joyero... pero yo no soy joyero; los guardias se han llevado a unos judíos... pero yo no soy judío, y ¡hoy han venido a detenerme a mi...!”)

Al principio tuvieron que apartarse o exilarse los docentes no entusiastas y algunos periodistas que no obedecían las consignas y así, poco a poco, fue limpiándose el horizonte hacía la libertad catalanista. Eso sí, no hubo casi muertes ni noche de los cuchillos largos: los perseguidos pueden contarlo en su mayoría como el tiroteado Federico Jiménez Losantos, aunque alguno como el industrial Bultó murió con una bomba anudada al pecho por la banda “Terra Lliure” que actuaba como “ejército revolucionario” de uno de los partidos que ahora mandan y se reivindican como demócratas.

Todos son iguales ante “el fet diferencial nacional”: religiosos, ateos y agnósticos. Aunque son una minoría no desdeñable, son menos pero activos y les estimula saber “qui la fa mes grosa”. Así es que ahora han sobrepasado las cautelas de CiU, y el PSE, ERC y EU-V han alcanzado el ápice de la ignominia, forzando a que los funcionarios de la “Generalitat” renuncien a su identidad y hagan oblación de su dignidad personal renunciando a sus apellidos como quien apostata de su religión, de sus mayores, su historia, su pasado y su memoria. El honorable Pujol celebrará como una victoria el deshonor de los sometidos.

La llamada Iglesia Catalana no ha permitido la celebración de fiestas religiosas de otras regiones “para que no se resintiese la unidad eclesial” y no ha sido tolerado el flamenco hasta que la rumba gitana no se ha bautizado como rumba catalana. El etiquetado comercial sanciona el idioma castellano. Es cosa de pocos, que muchos repudian pero que todos consienten con su punto de acomodaticia cobardía. (“No t' emboliquis, noi”)

Y ahora, puestos a deglutir y digerirlo todo sin opción a la variedad, con vocación decididamente totalitaria, una inocente maquinita traductora ha dado la versión catalana de nombres y apellidos de los funcionarios que han ganado plaza al norte del Ebro. Busquen y se morirán de risa.

Darío Vidal

02/12/2008

 

       "Els altres y nosaltres" (02/12/2008 17:04)


Publicado: 14/11/2008


 

EDAD DE MORIR


Lamamos “invidente” a quien antes era un ciego; “trabajadoras del amor” o del sexo a las que se conocía habitualmente como putas, y usamos la expresión “tercera edad” para nombrar a los que en otro tiempo nombrábamos ancianos y anteriormente, viejos. Las nuevas expresiones quieren suavizar la dureza, la contundencia y rotundidad de ciertas palabras, como estas últimas, que nos remiten cruda e impúdicamente a la edad de morir. Por eso ahora comienzan a hablar de “cuarta edad” los que acaban de entrar en la tercera, con objeto de alargar los plazos. Aunque el numeral no hace más que enfatizar la meta.

Pero cuál es la edad de morir. De adolescentes pensábamos en una muerte temprana y azañosa, al tiempo de descubrir un continente, un nuevo río en la Amazonía, o probando una vacuna recién descubierta por nosotros. Con el tiempo hemos comenzado a pensar que no es preciso madrugar para ese viaje. Por eso a estas alturas de la función me desasosiegan los niños que quieren morir. Cuando tenía 16 años, una niña italiana dijo a todo el mundo que si le sucedía algo no quería vivir en coma. Y le sucedió. Un accidente. Y los allegados no hicieron ni caso. Pero de aquel suceso han pasado diecisiete años de coma irreversible y ahora tiene 33, así es que incluso los padres han pedido a los jueces que permitan que obre la Naturaleza evitándole ese atroz encarnizamiento terapéutico sin esperanza. Y la Justicia ha decidido que le dejen morir como hubiese querido.

Pero he aquí que una parte de la sociedad que no vive la angustia de su deterioro diario reclaman un sufrimiento “pagado” por sus deudos día a día, que están mas comprometidos con su vida y su bienestar que las cofradías pías, las gentes devotas y las damas piadosas, incluidos los estrictos custodios de la ortodoxia del Vaticano.

Otra cosa es la niña inglesa de 13 años enferma de leucemia hace varios, que tiene que operarse de corazón. Al margen de consideraciones de carácter religioso, que respeto, no sé si puede decidir sobre su vida aunque todo el dolor lo tenga que sufrir ella --por lo menos el físico que ya conoce por desgracia-- porque desde el horizonte de su edad y su mala experiencia, no tiene elementos para valorar qué es lo que podría depararle la vida. Aunque no sabemos hasta qué punto tiene nadie autoridad moral para forzarle a un sufrimiento cierto, después de tantos años de dolor, para someterse a una operación de corazón “con escasas posibilidades de éxito”.

Ninguna de ellas tiene edad para morir, pero la Naturaleza desconoce el sentimentalismo. Hay muchachos de veinte e individuos de treinta años que han malversado su existencia o sencillamente jamás han vivido. En tanto que estas dos muchachas jamás se debieran ir, igual que José Luis Sampedro, José Luis Borau que esta semana ingresa en la Real Academia, o ese portentoso buscador de mundos llamado Stephen Howking, que sigue vivo e investigando gracias a su voluntad de hacerlo, comunicándose con el exterior mediante el ordenador con solo el movimiento de los ojos, sin dejarse vencer por una enfermedad nerviosa degenerativa que ya le ha paralizado y dejado sin voz y sin palabra.

Darío Vidal

14/11/2008

 

       Edad de morir (14/11/2008 23:50)


Publicado: 13/11/2008


 

LO EFÍMERO


Un amigo me ha llevado esta mañana a su estudio para mostrarme un documento que ha encontrado. Y remontando los siglos en los archivos de su familia hemos ido a parar al siglo XVII, creo que a 1648, pero había aún más fondo porque podían verse legajos de más allá. No le he preguntado de cuándo data el primer documento pues con lo visto me bastaba. Había allí cartas de hijos estudiantes y correspondencia de familiares dedicados a la política, militares que intervinieron en el sitio de Orán, y píos clérigos que fueron del seminario a las misiones en América y se asombraban de la naturaleza y las costumbres ultramarinas como los primeros colonizadores.

Mi amigo tiene ordenadores en la oficina pero no en su estudio: escribe con pulcra caligrafía, como sus antepasados, y husmea en sus vidas rastreando su sangre hasta alcanzar el venero de su clan. Sin embargo su refugio se halla en un edificio acristalado muy distinto de su casa matriz y de aquella en que escribieron sus mayores.

Tal vez pueda preservar sus escritos, tan minuciosos y puntuales como los de sus antepasados. Pero el habitáculo en que estudia no prevalecerá aunque preserve sus papeles, que no es poco. Triste sino el nuestro y aciago el futuro de los arqueólogos que rastreen nuestra época, de la que no quedarán ya nuestras tumbas, ni los cimientos de las casas en que moramos, ni el papel en el que no escribimos. Porque las cartas, los documentos y hasta las polémicas –ahora demasiado concisas, simples y abreviadas-- se están desvaneciendo como escritas en el aire. Ya que, por más que los prudentes guarden memoria de su andadura en soporte digital, una descarga eléctrica, la cercanía de un generador o un apagón en la red puede convertir nuestra memoria en olvido. Nadie sueñe ya con “La Guerra de las Galias”. Lo efímero sustituirá a lo permanente.

La morada no es un refugio para siempre donde hacer un nido, ni La Casa en que ha de nacer nuestra estirpe. Ese arraigo en lo pasado para proyectar el futuro es algo que da vértigo a muchos de los que nacieron con nosotros. Tal vez no deseen encariñarse, contra lo que cabría esperar, porque sus padres o sus abuelos les han hablado a veces de lo mucho que perdieron en las guerras, las devastadoras contiendas del siglo XX en España y en el mundo, en las que la aviación utilizada como arma borró el paisaje familiar, que es tanto como privarnos de pasado.

En esta belicosa Europa cuya historia se ha confundido con la Historia de la Guerra, no ha habido generación que se haya librado de esa plaga temible --la única incubada por el hombre, la sola previsible y la que hubiera podido evitar la Humanidad deslumbrada por la cólera de Marte--, pero antes todo se recomponía, salvo la vida, con unas vigas nuevas, cuatro piedras y un poco de cal en las paredes. Ahora no solo el futuro sino también el pasado es efímero: es como si nunca hubiera existido. Los fabricantes de casas a piezas les otorgan una vida de veinte años: menos que el tiempo que tardarán a pagarlas. Y cuando se hayan desmoronado, los arquitectos harán otras más pequeñas para que los damnificados puedan renovar la hipoteca. Al fin, las parejas duran menos que la garantía de sus electrodomésticos y los niños nacen abocados a la guardería que es el parvulario del horfanato. ¿Puede decirme alguien si de verdad existieron alguna vez Hiroshima y Nagasaki?

Darío Vidal

13/11/2008

 

       Lo éfímero (13/11/2008 01:06)


 

EL ENTUSIASMO DE OBAMA

No sabemos hasta dónde llegará el nuevo mandatario de los Estados Unidos, Barack Obama, porque hasta los mas poderosos están aherrojados con cadenas. Pero hemos saludado el advenimiento del primer mandatario negro como el comienzo de una nueva era. Aunque sería insensato abandonarse a la imprudencia y exponerse a perder la esperanza, pues a pesar del poder casi omnímodo de los presidentes de Norteamérica no pueden ya decidir sin contar con los demás como los Reyes de la Baraja. El Estado es un bajel de miles de toneladas dotado de unas inercias capaces de quebrar cualquier timón si el piloto no maniobra con habilidad y se toma su tiempo. No importa que la tripulación esté impaciente por notar que la nave cambia de rumbo. Lo mismo que los espectadores.

La mayor parte de los europeos no somos anti-norteamericanos, como han dicho los propagandistas de la derecha y el señor “Asnor”. Únicamente hemos detestado la arrogancia, el desdén vejatorio de muchacho malcriado, la fanfarronería de nuevo rico y la audacia ignorante de muchos, que ha llegado al esperpento con George Busch, mientras despreciaba a sus aliados más fieles y al mundo, y se mofaba del Derecho Internacional.

Obama ha dicho que se educó en la constancia, el esfuerzo y la humildad que le inculcó su abuela Madelyn Dunham: su abuela blanca de Hawaii que terminó dejándole unas horas antes de su jornada de triunfo. Dios hizo con ella como con Moisés: que no le permitió ver la Tierra Prometida. Pero es bueno aprender que solo con humildad es posible perdonar el Poder.

Me temo mucho que Barak Obama no pueda con todo, no porque dude de su capacidad sino por la enorme dificultad y la amplitud de los retos, todos urgentes, todos inaplazables y todos aplazados, cuando no han sido alentados por ese “Forrest Gump” imprevisible y peligroso como un niño con pistolas, que es el presidente saliente. Y le deseo que el común de los administrados no pierda la paciencia y crea, como ahora lo hace, en su buena fe y en su deseo de trabajar por un ideal de sociedad abierta y justa.

Sentiría mucho caer en la ingenuidad del entusiasmo súbito, que suele privar de capacidad crítica a los deslumbrados por la fascinación de un líder o la contundencia del milagro. Pero hay indicios para creer y motivos para la esperanza. Da la impresión de que la presidencia no es para él la meta, como para la mayoría, sino el punto de arranque de una tarea de mucha más enjundia y entidad. No hay en sus palabras ni sus gestos la mínima brizna de frivolidad. Y con su llegada se vislumbra la hondura de un proyecto largamente madurado y, al mismo tiempo, la fragancia de la brisa del pueblo, la frescura de la savia renovada. No ha ocultado las dificultades ni se ha postulado como una panacea; más aún, ha reconocido que algunas de las medidas que habrá de tomar puedan no gustar a algunos, aunque sean necesarias.

El aura de Obama --se habla ya de “carisma”-- puede que se deba a la impresión de compromiso, sinceridad y entrega que comunica. Nos remite a Rosa Parks, Elizabeth Eckford, Cassius Clay y M.L.King cuya muerte querríamos conjurar y aún tememos, aunque Colin Powell y Condoleezza Rice supongan un precedente que parece distanciarnos de la amenaza. Dios lo quiera y que el presidente electo logre alumbrar la nueva era.

Darío Vidal

07/11/2008

 

       El entusiasmo de Obama (13/11/2008 00:59)


Publicado: 09/10/2008


 

LOS COCHECITOS DE LA RADIO


Los dos automóviles que Radio Nacional regala cada día, son como el sobre con el cromo para los niños en la bolsa de patatas fritas. Es el reconocimiento de la inferioridad de la mercancía y de la ineficacia de sus gestores. En todos los periódicos que he visto zozobrar por la incompetencia de un “staff” mediocre y sin ideas, ha sucedido lo mismo. Los advenedizos desean borrar la huella de sus predecesores y demostrar a la empresa que pueden subir la tirada o ampliar fulgurantemente la audiencia conquistada durante años con tesón, entusiasmo e inteligencia.

Lo malo es que no saben qué hacer. Y su desconocimiento del medio les lleva a confundir continente y contenido, ignorando que los empeños culturales se reducen casi siempre a lo segundo. Sobre todo cuando se trata de la radio. De modo que esos espontáneos llegados a más, tratan a ese delicado producto de la inteligencia y la sensibilidad como una mercancía.

Lo primero que se les ocurre es abaratar los costes, prescindiendo del personal que es su único activo, en lugar de enriquecer la gama de la oferta. Y cuando la audiencia defraudada se venga de la estafa con la huida, se preguntan estúpidamente cuál puede ser la causa. No saben o no quieren hacer balance de sus errores ni reconocer que han empobrecido su oferta en ocasiones irremediablemente, así es que recurren al pequeño soborno de regalar coches a cambio de horas de audiencia. Qué disparate. En la radio, como en la relación personal, no basta con “oír como quien oye llover”. Se trata de escuchar y ser escuchado, que es la única manera de que el lenguaje sea fecundante y de transmitir pensamientos y emociones. ¿Es tan difícil llegar a esa certeza?

Aún a riesgo de sentirse un poco paranoico, es fácil caer en la sospecha de que, como resulta difícil hacer las cosas tan rematadamente mal, la dirección de RNE esta subvencionada por la competencia. El “enemigo” se ha infiltrado en el Alto Mando. No hay otra explicación plausible. Hace solo un año, Radio Nacional tenía espacios diarios como “Clásicos Populares” de Fernando Argenta y Araceli Fernández Campa, que descubrieron durante muchos años la belleza de la música clásica a miles de personas, mediante la amenidad y la implicación de los oyentes, logrando “instruir deleitando”. En unos meses se ha operado la voladura controlada del programa con el pretexto de la jubilación de ambos, sin que ellos la desearan.

Después del mejor Carlos Herrera salpimentando, nutriendo y alegrando las mañanas, Julio César Iglesias consiguió mantener el programa conservando el mismo equipo, integrado entre otros por Luis Figuerola Ferreti, Javier Capitán y su pléyade de personajes auxiliados por un sobresaliente equipo de producción, pero “Buenos Días” fue barrido y licenciada su tropa, con la advertencia de que no pudiera reagruparse, lo que parece sugerir que sería una dura competencia desde otra emisora con lo que cabe preguntarse por qué lo “desguazó”. Y para terminar, la dirección se ha cargado esta temporada, sin previo aviso, “La noche menos pensada”, el programa nocturno de Manuel Hernández Hurtado (Manolo H.H.) con la participación de Javier Bergia.

De ese modo han aniquilado, devastado y puesto a los pies de las otras cadenas a Radio Nacional. Y su dirección regala coches pagados con nuestro dinero para ganar la audiencia recién perdida.

Aceptando que no hay que dormirse en el éxito, es bueno experimentar nuevos programas, pero sin suprimir los que siguen teniendo éxito y audiencia. Mas cuando todo lo que el actual equipo pensante de RTVE es capaz de idear o vehicular son esos amorfos “Afectos matinales”, vespertinos o nocturnos, hay que sugerir su urgente relevo. Ayer por la noche me metí en La Uno después de no se cuanto tiempo y oí a los oyentes en defensa de la anterior programación. Por eso escribo otra vez de su desprotección y de la indigencia intelectual de los responsables del medio, sin olvidar a la conductora de ese bodrio indigno incluso de una radio local, la inefable Silvia Tarragona, que constituye una impúdica exhibición de arrogancia, frivolidad, provincianismo, incultura e ignorancia.

Darío Vidal

09/10/2008



 

       Baratijas en Radio Nacional (09/10/2008 23:43)